‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’

(Etty Hillesum)

Todas y todos somos singulares. La singularidad es el modo como cada mujer y cada hombre siente y vive su experiencia vital, se da a conocer en cada relación que establece, se expresa con su cuerpo, se sitúa en la sociedad con los recursos materiales y simbólicos de los que dispone, dialoga con su condicionamiento cultural. Es algo vivo, en continua transformación. La singularidad de cada ser humano trae consigo matices y colores que afectan al devenir del mundo.

Esta enorme riqueza se ve ocultada, achatada o amedrentada con demasiada frecuencia. Cuando, en vez de atajar las desigualdades o la injusticia, se atajan las diferencias, confundiendo igualdad con ‘ser iguales’. Cuando la fuerza del individualismo nos hace obviar la necesidad de relación e intercambio para hacernos presentes en el mundo y enriquecer nuestras vidas. Cuando se encasillan las diferentes formas de ser en identidades cerradas frenando la posibilidad de movimiento, aire, intercambio, transformación. O cuando tratamos nuestro condicionamiento social como mero determinismo, o sea, cuando reproducimos guiones vitales predeterminados sin dar pábulo a la posibilidad de crear cestas nuevas con los mimbres que nos vienen dados.

Hablar sobre la singularidad humana es por tanto hablar sobre la libertad, o lo que es lo mismo, sobre nuestra responsabilidad y creatividad a la hora de reconocernos, vivir nuestras vidas,  crear vínculos,  dejar huellas en el mundo, cuestionar y transformar. Tomando en consideración este conjunto de reflexiones, he creado SINGULARES, un espacio de escucha, encuentro, intercambio, reflexión y aprendizaje en el que puedes encontrar diferentes propuestas relacionadas con nuestra forma singular de ser y de estar en el mundo.

 Graciela Hernández Morales.

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Y ganó Trump.

Si lo masculino (ellos) es igual que lo masculino (ellos) más lo femenino (ellas), entonces lo femenino (ellas) equivale a cero. – Fórmula explicada por Jesús Ibáñez en mis tiempos de Facultad – En el seminario Lo Personal es Político… … Ellas dijeron que les sigue pesando en sus vidas y en su sexualidad ser vistas, tratadas o consideradas como un mero objeto. Es un modo de reducir, acallar, estereotipar todo lo que sienten, crean, viven, muestran. Por no hablar de la violencia que ello genera. … Ellos dijeron que, en ocasiones, les resulta divertido ser tratados como meros objetos de deseo sexual. … Una dijo que teniendo existencia simbólica, siendo parte de un contexto donde se reconoce lo que los hombres son y hacen como ‘lo normal’, convertirse por un rato en objetos es solo un juego.  Nada que ver con una parte muy significativa de la experiencia femenina. … Otra comentó que se imagina que determinados hombres (como pueden ser, por ejemplo, transexuales, gaya, negros o pobres), en contextos de cosificación extrema, viven este juego de un modo muy distinto a como lo viven los hombres ‘no cosificados’, también de como lo viven las mujeres en general y las transexuales, lesbianas, negras, pobres… en particular. En fin, mucha complejidad para seguir indagando sobre las triquiñuelas del poder y para seguir entendiendo cómo y dónde se juega nuestra libertad. Y ganó Donald Trump. Parece que esa mirada que reduce la existencia y la experiencia femenina, y no solo femenina, a un mero objeto de uso y de abuso tiene más fuerza y arraigo de lo que (se) suponía....

¿Dónde queda nuestro lado salvaje?

Ellas aprendieron a reprimir su deseo sexual como un modo de no ser repudiadas por los hombres y de ser merecedoras de su amor. Pero se hartaron y empezaron a explorar su sexualidad como algo propio. Poco a poco, con mayor o menor dificultad, fueron sacando a la luz su propio deseo, ganando en placer y libertad. A veces, cuando dan rienda suelta a su sexualidad sin guiones prefabricados surge una energía que las lleva a un lugar que es siempre imprevisto y que no entiende de control ni de ataduras. Es un lugar muy vinculado a vida no domesticada, a la vida en estado puro y, en ese sentido, podríamos decir que se trata de una energía salvaje. Y aquí surge otro conflicto. Además de las connotaciones que tiene la palabra salvaje asociada a la sexualidad femenina, una mujer sabe que vivir su sexualidad de este modo conlleva el riesgo de ser considerada un objeto de uso y de abuso para algunos hombres. Ante esto, a menudo ellas han reprimido ‘su lado salvaje’ para no correr ese riesgo. (…) Ellos aprendieron a conquistar, alardear, tomar la iniciativa y marcar la batuta en la sexualidad con las mujeres para no ser repudiados por los otros hombres y no poner en cuestión su virilidad. Algunos se hartaron y empezaron a explorar una sexualidad sin jerarquías. Poco a poco, fueron sacando a la luz el placer que les genera el encuentro profundo con una mujer libre. A veces, cuando dan rienda suelta a su sexualidad sin guiones prefabricados surge una energía que los lleva a un lugar que es siempre imprevisto...

Sobre la libertad

Es un placer para mí encontrar en las palabras de otra persona el reflejo preciso de lo que siento, de lo que busco… ‘La vida está ahí. Bien cerca. Casi al alcance de la mano. He pensado mucho en las grandes etapas de mi existencia durante estos últimos días. Y sé que he perseguido un objetivo sin alcanzarlo en realidad del todo, pero ¿acaso alguna vez se alcanza? Ser libre. Tú me dirás: pero ¿qué es ser libre? ¿vivir sin ataduras ni obligaciones? No. Es poder responder a las necesidades interiores. Vivir según elecciones que le dan sentido a esta vida. Y como estamos hechos de contradicciones, no siempre es fácil discernir lo que es necesidad y lo que es sentido.’ – Yun Sun Limet, Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular, Errata Naturae, Madrid, 2016. – ________________________ Foto del post: Graciela...