‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’

(Etty Hillesum)

Todas y todos somos singulares. La singularidad es el modo como cada mujer y cada hombre siente y vive su experiencia vital, se da a conocer en cada relación que establece, se expresa con su cuerpo, se sitúa en la sociedad con los recursos materiales y simbólicos de los que dispone, dialoga con su condicionamiento cultural. Es algo vivo, en continua transformación. La singularidad de cada ser humano trae consigo matices y colores que afectan al devenir del mundo.

Esta enorme riqueza se ve ocultada, achatada o amedrentada con demasiada frecuencia. Cuando, en vez de atajar las desigualdades o la injusticia, se atajan las diferencias, confundiendo igualdad con ‘ser iguales’. Cuando la fuerza del individualismo nos hace obviar la necesidad de relación e intercambio para hacernos presentes en el mundo y enriquecer nuestras vidas. Cuando se encasillan las diferentes formas de ser en identidades cerradas frenando la posibilidad de movimiento, aire, intercambio, transformación. O cuando tratamos nuestro condicionamiento social como mero determinismo, o sea, cuando reproducimos guiones vitales predeterminados sin dar pábulo a la posibilidad de crear cestas nuevas con los mimbres que nos vienen dados.

Hablar sobre la singularidad humana es por tanto hablar sobre la libertad, o lo que es lo mismo, sobre nuestra responsabilidad y creatividad a la hora de reconocernos, vivir nuestras vidas,  crear vínculos,  dejar huellas en el mundo, cuestionar y transformar. Tomando en consideración este conjunto de reflexiones, he creado SINGULARES, un espacio de escucha, encuentro, intercambio, reflexión y aprendizaje en el que puedes encontrar diferentes propuestas relacionadas con nuestra forma singular de ser y de estar en el mundo.

 Graciela Hernández Morales.

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Taller ‘la cara y la cruz del cuidado’

‘(…) cuidar es constuir redes de ayuda mutua, es un aprendizaje de la vida en común.’ -Marina Garcés- Los días 7, 14 y 21 de septiembre llevaré a cabo el taller ‘La cara y la cruz del cuidado’. ¡Por fin me lanzo a ello tras algunos años de reflexionar sobre esta cuestión, de escuchar experiencias diversas en torno a la dificultad de cuidar y de vivir en primera persona el peso y el gusto de cuidar! Si te apetece pensar junto a otras personas sobre qué queremos decir cuando hablamos de cuidar, el lugar que ocupa el cuidado en nuestra sociedad y en nuestras vidas, desde dónde cuidamos, la soledad que suele conllevar este tipo de prácticas, dónde queda el autocuidado cuando cuidamos, qué hacer para que la experiencia del cuidado sea una experiencia con sentido para la propia existencia y para el devenir del mundo… serás bienvenida o bienvenido. El precio del taller son 60 euros. El horario será de 6 a 8,30 de la tarde. Y, como siempre, se desarrollará en Singulares (Paseo de los Pontones, 7, bajo, interior, puerta 4), al lado del metro Puerta de Toledo. Si quieres inscribirte o simplemente tener más información, puedes mandarme un whassap o sms al 619146831 o escribirme aquí. Foto: Graciela Hernández...

Incoherencias

Puedo pensar que los seres humanos estamos hechos para experimentar la sexualidad sin exclusividad y no sentirme preparada para abrirme a este tipo de posibilidad. Puedo comprender el daño que el azúcar hace a la salud y no renunciar al disfrute de deliciosos pasteles. Puedo manejar información sobre la inminencia del cambio climático y  seguir usando coche. Podría seguir con muchísimos ejemplos que todas y todos conocemos… Una cosa es nuestra capacidad para elaborar un pensamiento riguroso y una opinión consistente sobre lo que nos sucede y otra distinta es cómo sentimos y experimentamos eso que nos sucede. No quiero decir con esto que nuestra forma de pensar no afecta a cómo experimentamos nuestra vida ni que la experiencia no afecta a nuestra forma de pensar, digo simplemente que son dos planos distintos de nuestra existencia. A las divergencias entre pensamiento y experiencia se las suele llamar incoherencias. Cuando éstas se dan, no es extraño que una vocecita en nuestro interior nos llene de culpa o de vergüenza por no lograr acompasar estos dos planos. Para afrontar esta culpa o esta vergüenza, es habitual seguir uno de estos caminos. El primero es el de intentar ajustar el pensamiento a la experiencia, lo que nos lleva a reducir el pensamiento a una especie de justificación de lo que hacemos, restándole rigor, amplitud y vuelo. El segundo es intentar ajustar nuestra forma de sentir o hacer a lo que pensamos, lo que nos lleva a puentear la complejidad que somos, a no tener en cuenta nuestra historia, a violentarnos y a fingir ser lo que en realidad no somos. Ante esto,...

¿Qué es Singulares?

Una sala que ha ido cobrando forma a lo largo de cinco años y medio y que ha sido testigo de muchas experiencias, encuentros, cursos, reflexiones, risas, escucha, imprevistos, política. En este video realizado por Marta Martínez Sierra puedes conocer un poco más de cerca qué se cuece en dicho...