Como una banda de jazz

Como una banda de jazz

Os dejo aquí esta cita que, por su potencia y claridad, me ayuda a orientar mi trabajo en Singulares y, de forma especial, mi forma de estar en el seminario Lo Personal es Político.

(…) Tomemos como imagen de la vida buena un grupo de jazz. Una banda de jazz que improvise es obviamente diferente de una orquesta sinfónica, ya que, en gran medida, cada uno de sus componentes es libre de expresarse como guste. Pero siempre se expresará a partir de una sensibilidad receptiva a las actuaciones autoexpresivas de los demás músicos. La compleja armonía que configuran no deriva del hecho de que estén interpretando una partitura colectiva, sino de la libre expresión musical de cada miembro, que actúa a su vez como base para la libre expresión de los demás.

(…) Aquí no se aprecia conflicto alguno entre la libertad y el ‘bien del conjunto’, y sin embargo la imagen es justamente la inversa del totalitarismo. Aunque cada individuo contribuye al ‘mayor bien posible para el conjunto’, no lo hace a través de un denodado sacrificio, sino simplemente expresándose como es. Hay ahí una realización personal, pero solo alcanzada a través de la pérdida del yo en la música en su totalidad. (…) De toda esa maestría artística se obtiene placer y, al mismo tiempo (y dado que hay una libre realización de las capacidades), felicidad entendida como florecimiento. Dado que ese florecimiento es recíproco, podemos incluso hablar (aunque remotamente y por analogía) de una especie de amor.

Entonces, ¿el jazz es el sentido de la vida? No exactamente. El objetivo consistiría en construir ese tipo de comunidad a una escala más amplia, lo cual es ya un problema de la política. Se trata, sin duda, de una aspiración utópica, pero eso no la descalifica de ningún modo. (…) Lo que necesitamos es una forma de vida que carezca por completo de un propósito definido (como carecen de él las actuaciones de jazz), que sea un placer en sí y no atienda a intenciones utilitarias o a concienzudos fines metafísicos, que no necesite más justificación que su propia existencia. Así entendido, el sentido de la vida se aproxima curiosamente a la ausencia de sentido (…) Como Wittgenstein comentó en algún momento: si la vida eterna existe, debe estar aqui y ahora. Es el momento presente el que constituye una imagen de la eternidad, no la sucesión infinita de tales momentos.

Eagleton, Terry (2008): El sentido de la vida. Paidós, Barcelona. Citado por Riechmann, Jorge (2011): ¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena. Catarata, Madrid. Pág. 62.

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