Cadena de cuidados

Cadena de cuidados

En la última reunión de Mujeres Singulares charlamos sobre el cuidado de nuestras madres y nuestros padres. No nos fue fácil hablar sobre ello. De hecho, nuestra forma de comunicarnos fue más pausada y cargada de detalles que en otros encuentros, como si nos faltaran práctica, palabras y horizontes claros.

Indagando, nos dimos cuenta que cuidar a nuestras madres y/o a nuestros padres es una tarea sumamente compleja y, a menudo, difícil porque en ella se entrelazan varios nudos y necesidades:

  • ¿Cómo atender alguna herida o dolor emocional cuando ello ha estado presente en nuestra infancia y nos afectó de tal modo que, aún hoy, nos duele recordarlo?
  • ¿Cómo superar el abismo que nos supone ver a nuestra madre o a nuestro padre envejecer y ya no poder contar con su apoyo y sostén?
  • ¿Cómo acoger su fragilidad cuando ésta conecta directamente con nuestra propia fragilidad?
  • ¿Cómo acercarnos a sus cuerpos para cuidarlos cuando su desnudez y su necesidad de contacto ha sido un tabú familiar?
  • ¿Cómo cuidar sin descuidarnos cuando la culpa acecha con fuerza? ¿Cómo no perder la compostura cuando nos duele la carga de lo que exige la sociedad a las hijas en relación al cuidado familiar y/o la carga de ser ‘lo mejor que le ha sucedido’ a nuestra madre o a nuestro padre?
  • ¿Cómo hacerlo cuando nuestra salud también está en juego y no hay dinero ni recursos suficientes?
  • ¿Cómo reconocer todos los elementos de esta realidad cuando lo que nos pide el cuerpo es cerrar los ojos?
  • ¿Cómo afrontar esa realidad con cordura cuando la relación con los hermanos y las hermanas se convierte en un hándicap en vez de un apoyo? ¿O cuando nuestra pareja o aquellas personas más queridas no aceptan que dediquemos tiempo y energía a cuidar a quien nos dio la vida y nos exigen más atención?
  • ¿Cómo situarnos ante el cuidado sin desfallecer cuando ellas o ellos no se cuidan ni se responsabilizan de sí, ni lo han hecho a lo largo de sus vidas? ¿O cuando no reconocen ni valoran nuestro cuidado y, en este sentido, no nos cuidan?
  • ¿Cómo cuidar cuando descubrimos que el amor que nos tenemos no es tanto o que el agotamiento por el cuidado daña el amor que nos tenemos?
  • ¿Cómo hacerlo sin perder la alegría cuando la gestión de esta complejidad se hace entre las cuatro paredes de cada familia, sin tribus, sin apoyo social, en una soledad que a veces se hace insoportable?
  • ¿Cómo….? Preguntas y más preguntas…

Todo ello nos hizo nombrar algunos deseos que, aunque difíciles y complejos, nos ha gustado nombrar para tenerlos más presentes:

  • Aprender a situarnos ante nuestro origen sin desbordamientos ni cuentas pendientes.
  • Cuidarnos, responsabilizarnos de nuestras vidas.
  • Anticiparnos a nuestra propia vejez y preguntarnos cómo queremos/podemos vivirla.
  • Abrir los ojos para poder poner tierra a estas situaciones y a nuestra propia necesidad de cuidado.
  • Poner una medida justa al cuidado y no dar más de lo que en realidad no podemos dar. Sabiendo que esto no es egoísmo, es un modo de cuidarnos y de cuidar a la propia relación.
  • Hablar sobre todo esto y visibilizar la importancia del cuidado en el mundo y en nuestras vidas.
  • Abordar estas cuestiones, no solo como algo personal, sino como un reto a colocar en el centro del mundo.

Y así, entre los deseos y la necesidad de compartir lo más crudo, señalamos también que, cuando se dan las condiciones adecuadas, nos sorprendemos cuidando con gusto e incluso placer.

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