Bailar el dolor

Bailar el dolor

Duele la tripa, duele el ardor de la fiebre en la cabeza, duele la inflamación, duele… Duele la impotencia de no saber bien qué hacer ante esto… Duele, en lo más profundo, la soledad de vivir una enfermedad crónica en una cultura que cierra los ojos ante este tipo de dolor, que nos invita a seguir la vida como si esto no estuviera sucediendo… O lo que es lo mismo, nos invita a negar una parte fundamental de lo que somos. Duelen las palabras que no encuentro para hablar de todo esto y el nudo en la garganta de quienes me quieren escuchar y no encuentran el modo… Duele el miedo al dolor que, en lo más hondo, es miedo a la vida. (…) En una sesión del seminario Lo Personal es Político cada quién conectó con algún dolor de su cuerpo y lo bailó. Catarsis para quienes se han pasado la vida acallando el dolor o viviendo como si éste no estuviera o forzando la máquina. Encuentro de un camino distinto, más integrador, más humano. Un nuevo estar, un nuevo lenguaje, una mayor confianza. Nos topamos con la alegría que nace de estar con (todo) lo que hay junto a otras y a otros. Una alegría muy distinta a esa otra que surge de mirar solo ‘lo positivo’ dejando bajo la alfombra lo que empaña ese ideal de salud y bienestar. (…) Ante esta propuesta y esta posibilidad, hubo también quienes se escudaron en el baile para desconectar de su dolor. Incluso en aquellas actividades donde el cuerpo está muy presente podemos hacer oídos sordos al dolor y...
Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Bailo y me dejo llevar venciendo el miedo a hacer el ridiculo, a que suceda lo que no está previsto, a encontrarme con partes mías desconocidas, a no ser adecuada… Bailo y algo se abre, se despierta, fluye. Pero, ¿qué es ese algo? La respuesta más fácil sería decir que conecto con mi cuerpo, que me dejo ser cuerpo. Por supuesto que algo de eso hay, pero no solo. Vayamos por partes… Un cuerpo que no está habitado es un cuerpo muerto. Lo que fluye, se despierta y se abre es algo más. Son momentos de presencia, no solo física, sino también emocional, espiritual y mental. Sí, no me he equivocado, he dicho mental. Son momentos en los que la mente deja de rumiar para dejarse mecer por el compás del ritmo, de la emoción. La mente deja de especular y se abre sin más a lo que sucede en el momento presente. La mente se integra en el juego de la vida y gana en alegría. La mente se airea y gana en flexibilidad y poesía. Lo que se detiene cuando bailo de este modo no es la mente, sino esa actividad mental torturante que a menudo me visita y que no me deja estar tranquila, no me deja atender lo que sucede, no me deja pensar con curiosidad, no me deja caminar en el territorio de la duda sin presión. De tal modo que bailar, dejar que el cuerpo sienta y exprese la totalidad de mi experiencia, es un modo de crear las condiciones para pensar con más sentido, más tino, más apertura, más riesgo. En la...
El difícil arte de perdonar…

El difícil arte de perdonar…

Influida por mi educación, tardé mucho tiempo en darme cuenta de la profundidad que encierra o puede encerrar la palabra ‘perdón’. Reconozco en mí dos situaciones en las que soy capaz de perdonar, aunque no siempre me sea fácil. Una es cuando entiendo que la otra persona o colectivo hace lo que hace porque no sabe o no puede hacer otra cosa. Como cuando notamos que alguien nos acaba de lastimar la pierna y, al mirar con atención, nos damos cuenta que se trata de un ciego que nos ha dado sin darse cuenta con su bastón. La otra me parece más compleja pero también muy necesaria. Cuando alguien es capaz de comprender el daño que ha vertido, responsabilizarse de ello y estar en la búsqueda de una nueva senda vital donde este tipo de acciones no tengan cabida. En este caso, el perdón es la guinda que falta al pastel para que la paz y la reconciliación puedan darse. Hoy os dejo aquí dos historias. La primera ocurrió en Ruanda y la puedes ver en este video… La segunda es información sobre La mirada del Otro, una magnífica obra de teatro sobre el proceso de conversaciones entre una víctima de ETA y un preso de dicha organización en la cárcel de Nanclares de Oca. Ambas historias tienen como protagonistas a personas que, con su perdón y su capacidad de transformación personal, facilitan un horizonte más amable y vivible. Sobre ello y mucho más hablamos en la última sesión del Seminario Lo Personal es...
Como una banda de jazz

Como una banda de jazz

Os dejo aquí esta cita que, por su potencia y claridad, me ayuda a orientar mi trabajo en Singulares y, de forma especial, mi forma de estar en el seminario Lo Personal es Político. (…) Tomemos como imagen de la vida buena un grupo de jazz. Una banda de jazz que improvise es obviamente diferente de una orquesta sinfónica, ya que, en gran medida, cada uno de sus componentes es libre de expresarse como guste. Pero siempre se expresará a partir de una sensibilidad receptiva a las actuaciones autoexpresivas de los demás músicos. La compleja armonía que configuran no deriva del hecho de que estén interpretando una partitura colectiva, sino de la libre expresión musical de cada miembro, que actúa a su vez como base para la libre expresión de los demás. (…) Aquí no se aprecia conflicto alguno entre la libertad y el ‘bien del conjunto’, y sin embargo la imagen es justamente la inversa del totalitarismo. Aunque cada individuo contribuye al ‘mayor bien posible para el conjunto’, no lo hace a través de un denodado sacrificio, sino simplemente expresándose como es. Hay ahí una realización personal, pero solo alcanzada a través de la pérdida del yo en la música en su totalidad. (…) De toda esa maestría artística se obtiene placer y, al mismo tiempo (y dado que hay una libre realización de las capacidades), felicidad entendida como florecimiento. Dado que ese florecimiento es recíproco, podemos incluso hablar (aunque remotamente y por analogía) de una especie de amor. Entonces, ¿el jazz es el sentido de la vida? No exactamente. El objetivo consistiría en construir ese tipo de...
Cuando lo personal se hace político

Cuando lo personal se hace político

Catorce personas sentadas en círculo. Poco a poco, fuimos compartiendo algunas de nuestras vivencias en torno a la vergüenza, fuimos nombrando algunas cosas que nos dan vergüenza, fuimos reconociendo la vergüenza que nos da nuestra propia vergüenza. ¿Qué es la vergüenza? Es una emoción que señala nuestro miedo a que no se nos acepte, a hacer el ridículo, a llamar excesivamente la atención. En definitiva, tiene que ver con el miedo a tener una forma de ser inadecuada. Es una especie de vocecita en nuestro interior que nos invita a ajustarnos a lo que se espera, a lo que gusta, a lo que no molesta. Nos invita, por tanto, a no ser disonantes. Como si se tratara de un ritual, destapar este tabú (que paradójicamente es archiconocido) nos relajó porque al reconocernos en las y los demás sentimos que ya no tenía sentido rechazar con tanto ahínco la propia vergüenza. Asimismo, este ejercicio nos acercó y nos humanizó. Nombrar la vergüenza es nombrar, entre otras cosas, el miedo a SER. Nombrar la vergüenza a la propia vergüenza es sacar a la luz esa lucha interna que todas y todos vivimos entre nuestro miedo a SER y nuestro deseo de SER. Reconocerla junto a otras personas nos permitió desvelar que eso que vivimos como si se tratara de algo puramente individual conforma una estrategia de control social y, por tanto, se trata de algo que vale la pena desenterrar y escudriñar conjuntamente. En este sentido, compartiendo algo tan íntimo, pudimos entender mejor ese mecanismo de control. Lo que nos relajó la culpa y nos permitió ganar en presencia. Algo se...
¿Cómo escribir?

¿Cómo escribir?

Llevo mucho tiempo sin escribir en este blog. No ha sido por falta de encuentros fructíferos, ni por falta de tiempo (aunque algo de eso ha habido) ni tampoco por falta de ganas. (…) En el grupo Mujeres Singulares charlamos sobre el tiempo… Pero, cómo escribir sobre el tiempo… …cuando has perdido la noción del mismo, …cuando tienes el dato de que tu madre estuvo sola tirada en el suelo y, aunque no sabes bien cuánto tiempo estuvo así, tienes la certeza de que cada segundo fue demasiado, …cuando tu madre de pronto te pregunta ‘quién es tu madre’ y aún no te ha dado tiempo para digerir esa nueva realidad, …cuando, en este proceso, tu madre vuelve a tener una conversación ‘normal’ y no terminas de entender qué significa eso, …cuando las demás tareas se van agolpando y te sorprendes cuando ves que te ha dado tiempo de hacerlas, …cuando el cuerpo está agotado y un minuto de placer te pone en contacto con la eternidad. (…) En el Seminario Lo Personal es Político hablamos sobre la crisis ecológica… Pero, cómo escribir sobre la crisis ecológica… …cuando el tiempo apremia y aún vives la crudeza de esa realidad como si se tratara de una nebulosa, …cuando, a pesar de la cumbre del clima en París, el estado de negación colectiva sigue vigente, …cuando te cuesta sentir y entender tu miedo, tu culpa, tu impotencia, tu rabia y tu pena y, ante tanto sentimiento no aceptado, te abrumas, …cuando necesitas que alguien te de la mano para seguir mirando y los lazos son endebles, …cuando, en este contexto capitalista...