Cuando lo personal se hace político

Cuando lo personal se hace político

Catorce personas sentadas en círculo.

Poco a poco, fuimos compartiendo algunas de nuestras vivencias en torno a la vergüenza, fuimos nombrando algunas cosas que nos dan vergüenza, fuimos reconociendo la vergüenza que nos da nuestra propia vergüenza.

¿Qué es la vergüenza? Es una emoción que señala nuestro miedo a que no se nos acepte, a hacer el ridículo, a llamar excesivamente la atención. En definitiva, tiene que ver con el miedo a tener una forma de ser inadecuada. Es una especie de vocecita en nuestro interior que nos invita a ajustarnos a lo que se espera, a lo que gusta, a lo que no molesta. Nos invita, por tanto, a no ser disonantes.

Como si se tratara de un ritual, destapar este tabú (que paradójicamente es archiconocido) nos relajó porque al reconocernos en las y los demás sentimos que ya no tenía sentido rechazar con tanto ahínco la propia vergüenza. Asimismo, este ejercicio nos acercó y nos humanizó.

Nombrar la vergüenza es nombrar, entre otras cosas, el miedo a SER. Nombrar la vergüenza a la propia vergüenza es sacar a la luz esa lucha interna que todas y todos vivimos entre nuestro miedo a SER y nuestro deseo de SER. Reconocerla junto a otras personas nos permitió desvelar que eso que vivimos como si se tratara de algo puramente individual conforma una estrategia de control social y, por tanto, se trata de algo que vale la pena desenterrar y escudriñar conjuntamente.

En este sentido, compartiendo algo tan íntimo, pudimos entender mejor ese mecanismo de control. Lo que nos relajó la culpa y nos permitió ganar en presencia. Algo se movió y se abrió, ganamos en libertad y en entendimiento, ganamos en consciencia sobre lo que somos y sobre lo que nos une, ganamos en paz.

Quizás, ganar en consciencia y en presencia es una forma, no solo de situar la vergüenza en un lugar que no nos genere tanto sufrimiento y contensión, sino de que su presencia en el mundo favorezca a otro horizonte de convivencia más vivible y transitable.

Como veis, esto que parecía algo puramente personal se convirtió en una experiencia política que aún puede dar más de sí si alguien coge el testigo y sigue indagando junto a otras personas.

Ahora bien, las cuentas que cada quien haga con todo esto en sus propias entrañas es ya otra historia. Clarificar cómo la cultura condiciona nuestras entrañas alivia la carga de la culpa y la incomprensión, pero no nos exime de la responsabilidad de hacernos cargo de la propia vida. Del mismo modo, sacar a la luz parte de nuestra intimidad no implica que las otras personas tengan la potestad para decirnos cómo vivir y gestionar la propia vergüenza. De hecho, comprender que esa fragilidad, miedo y deseo también conforma las entrañas de las otras y los otros, nos permite entender y respetar mejor a quiénes tenemos cerca.

Seguiremos indagando sobre esto y mucho más en el Seminario Lo Personal es Político.

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