Y ganó Trump.

Y ganó Trump.

Si lo masculino (ellos) es igual que lo masculino (ellos) más lo femenino (ellas), entonces lo femenino (ellas) equivale a cero. – Fórmula explicada por Jesús Ibáñez en mis tiempos de Facultad – En el seminario Lo Personal es Político… … Ellas dijeron que les sigue pesando en sus vidas y en su sexualidad ser vistas, tratadas o consideradas como un mero objeto. Es un modo de reducir, acallar, estereotipar todo lo que sienten, crean, viven, muestran. Por no hablar de la violencia que ello genera. … Ellos dijeron que, en ocasiones, les resulta divertido ser tratados como meros objetos de deseo sexual. … Una dijo que teniendo existencia simbólica, siendo parte de un contexto donde se reconoce lo que los hombres son y hacen como ‘lo normal’, convertirse por un rato en objetos es solo un juego.  Nada que ver con una parte muy significativa de la experiencia femenina. … Otra comentó que se imagina que determinados hombres (como pueden ser, por ejemplo, transexuales, gaya, negros o pobres), en contextos de cosificación extrema, viven este juego de un modo muy distinto a como lo viven los hombres ‘no cosificados’, también de como lo viven las mujeres en general y las transexuales, lesbianas, negras, pobres… en particular. En fin, mucha complejidad para seguir indagando sobre las triquiñuelas del poder y para seguir entendiendo cómo y dónde se juega nuestra libertad. Y ganó Donald Trump. Parece que esa mirada que reduce la existencia y la experiencia femenina, y no solo femenina, a un mero objeto de uso y de abuso tiene más fuerza y arraigo de lo que (se) suponía....
¿Dónde queda nuestro lado salvaje?

¿Dónde queda nuestro lado salvaje?

Ellas aprendieron a reprimir su deseo sexual como un modo de no ser repudiadas por los hombres y de ser merecedoras de su amor. Pero se hartaron y empezaron a explorar su sexualidad como algo propio. Poco a poco, con mayor o menor dificultad, fueron sacando a la luz su propio deseo, ganando en placer y libertad. A veces, cuando dan rienda suelta a su sexualidad sin guiones prefabricados surge una energía que las lleva a un lugar que es siempre imprevisto y que no entiende de control ni de ataduras. Es un lugar muy vinculado a vida no domesticada, a la vida en estado puro y, en ese sentido, podríamos decir que se trata de una energía salvaje. Y aquí surge otro conflicto. Además de las connotaciones que tiene la palabra salvaje asociada a la sexualidad femenina, una mujer sabe que vivir su sexualidad de este modo conlleva el riesgo de ser considerada un objeto de uso y de abuso para algunos hombres. Ante esto, a menudo ellas han reprimido ‘su lado salvaje’ para no correr ese riesgo. (…) Ellos aprendieron a conquistar, alardear, tomar la iniciativa y marcar la batuta en la sexualidad con las mujeres para no ser repudiados por los otros hombres y no poner en cuestión su virilidad. Algunos se hartaron y empezaron a explorar una sexualidad sin jerarquías. Poco a poco, fueron sacando a la luz el placer que les genera el encuentro profundo con una mujer libre. A veces, cuando dan rienda suelta a su sexualidad sin guiones prefabricados surge una energía que los lleva a un lugar que es siempre imprevisto...
Bailar el dolor

Bailar el dolor

Duele la tripa, duele el ardor de la fiebre en la cabeza, duele la inflamación, duele… Duele la impotencia de no saber bien qué hacer ante esto… Duele, en lo más profundo, la soledad de vivir una enfermedad crónica en una cultura que cierra los ojos ante este tipo de dolor, que nos invita a seguir la vida como si esto no estuviera sucediendo… O lo que es lo mismo, nos invita a negar una parte fundamental de lo que somos. Duelen las palabras que no encuentro para hablar de todo esto y el nudo en la garganta de quienes me quieren escuchar y no encuentran el modo… Duele el miedo al dolor que, en lo más hondo, es miedo a la vida. (…) En una sesión del seminario Lo Personal es Político cada quién conectó con algún dolor de su cuerpo y lo bailó. Catarsis para quienes se han pasado la vida acallando el dolor o viviendo como si éste no estuviera o forzando la máquina. Encuentro de un camino distinto, más integrador, más humano. Un nuevo estar, un nuevo lenguaje, una mayor confianza. Nos topamos con la alegría que nace de estar con (todo) lo que hay junto a otras y a otros. Una alegría muy distinta a esa otra que surge de mirar solo ‘lo positivo’ dejando bajo la alfombra lo que empaña ese ideal de salud y bienestar. (…) Ante esta propuesta y esta posibilidad, hubo también quienes se escudaron en el baile para desconectar de su dolor. Incluso en aquellas actividades donde el cuerpo está muy presente podemos hacer oídos sordos al dolor y...
Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Bailo y me dejo llevar venciendo el miedo a hacer el ridiculo, a que suceda lo que no está previsto, a encontrarme con partes mías desconocidas, a no ser adecuada… Bailo y algo se abre, se despierta, fluye. Pero, ¿qué es ese algo? La respuesta más fácil sería decir que conecto con mi cuerpo, que me dejo ser cuerpo. Por supuesto que algo de eso hay, pero no solo. Vayamos por partes… Un cuerpo que no está habitado es un cuerpo muerto. Lo que fluye, se despierta y se abre es algo más. Son momentos de presencia, no solo física, sino también emocional, espiritual y mental. Sí, no me he equivocado, he dicho mental. Son momentos en los que la mente deja de rumiar para dejarse mecer por el compás del ritmo, de la emoción. La mente deja de especular y se abre sin más a lo que sucede en el momento presente. La mente se integra en el juego de la vida y gana en alegría. La mente se airea y gana en flexibilidad y poesía. Lo que se detiene cuando bailo de este modo no es la mente, sino esa actividad mental torturante que a menudo me visita y que no me deja estar tranquila, no me deja atender lo que sucede, no me deja pensar con curiosidad, no me deja caminar en el territorio de la duda sin presión. De tal modo que bailar, dejar que el cuerpo sienta y exprese la totalidad de mi experiencia, es un modo de crear las condiciones para pensar con más sentido, más tino, más apertura, más riesgo. En la...
Como una banda de jazz

Como una banda de jazz

Os dejo aquí esta cita que, por su potencia y claridad, me ayuda a orientar mi trabajo en Singulares y, de forma especial, mi forma de estar en el seminario Lo Personal es Político. (…) Tomemos como imagen de la vida buena un grupo de jazz. Una banda de jazz que improvise es obviamente diferente de una orquesta sinfónica, ya que, en gran medida, cada uno de sus componentes es libre de expresarse como guste. Pero siempre se expresará a partir de una sensibilidad receptiva a las actuaciones autoexpresivas de los demás músicos. La compleja armonía que configuran no deriva del hecho de que estén interpretando una partitura colectiva, sino de la libre expresión musical de cada miembro, que actúa a su vez como base para la libre expresión de los demás. (…) Aquí no se aprecia conflicto alguno entre la libertad y el ‘bien del conjunto’, y sin embargo la imagen es justamente la inversa del totalitarismo. Aunque cada individuo contribuye al ‘mayor bien posible para el conjunto’, no lo hace a través de un denodado sacrificio, sino simplemente expresándose como es. Hay ahí una realización personal, pero solo alcanzada a través de la pérdida del yo en la música en su totalidad. (…) De toda esa maestría artística se obtiene placer y, al mismo tiempo (y dado que hay una libre realización de las capacidades), felicidad entendida como florecimiento. Dado que ese florecimiento es recíproco, podemos incluso hablar (aunque remotamente y por analogía) de una especie de amor. Entonces, ¿el jazz es el sentido de la vida? No exactamente. El objetivo consistiría en construir ese tipo de...