¿Qué es vivir el presente?

¿Qué es vivir el presente?

Vivir el presente. Una frase que se cuela en los sitios más insospechados y que esconde tras de sí un campo de batalla simbólico. En este sentido, depende desde donde se dicen estas palabras puedo estar o no de acuerdo. De algún modo, es una frase que nos dice algo obvio. Nuestra vida se cuece siempre, queramos o no, en el presente. Lo que experimento, aunque sea un recuerdo o una proyección de futuro, lo experimento ahora. Lo experimento desde mis necesidades, miedos, anhelos, interpretaciones o conocimientos actuales. O sea, cuando me quedo embelesada recordando algo que me sucedió, no significa que me haya ido al pasado, significa simplemente que rememoro un suceso de mi vida desde mi realidad presente. Lo mismo sucede con el futuro, cuando me pregunto qué pasará con tal o cual cosa, no me he ido al futuro, simplemente me estoy imaginando lo que sucederá desde lo que soy en este momento. Saber esto, saber que no tengo la capacidad de trasportarme al pasado o al futuro como si fuera la protagonista de una película de ciencia ficción, me permite vivir las experiencias vinculadas con mi pasado o con mi proyección de futuro con más presencia, o sea, tomándolas como reflejo de mis necesidades, anhelos, reflexiones o nudos actuales. Así, por ejemplo, ante la crisis ecológica de la envergadura que ahora tenemos, dedicar un tiempo a pensar qué pasará con nuestro futuro significa dedicar un tiempo a entrar en contacto con lo que se está moviendo en mí ante esa realidad. Si afronto dicha pregunta con presencia, o sea, escuchándome, dejándome sentir, abriéndome a lo...
Incoherencias

Incoherencias

Puedo pensar que los seres humanos estamos hechos para experimentar la sexualidad sin exclusividad y no sentirme preparada para abrirme a este tipo de posibilidad. Puedo comprender el daño que el azúcar hace a la salud y no renunciar al disfrute de deliciosos pasteles. Puedo manejar información sobre la inminencia del cambio climático y  seguir usando coche. Podría seguir con muchísimos ejemplos que todas y todos conocemos… Una cosa es nuestra capacidad para elaborar un pensamiento riguroso y una opinión consistente sobre lo que nos sucede y otra distinta es cómo sentimos y experimentamos eso que nos sucede. No quiero decir con esto que nuestra forma de pensar no afecta a cómo experimentamos nuestra vida ni que la experiencia no afecta a nuestra forma de pensar, digo simplemente que son dos planos distintos de nuestra existencia. A las divergencias entre pensamiento y experiencia se las suele llamar incoherencias. Cuando éstas se dan, no es extraño que una vocecita en nuestro interior nos llene de culpa o de vergüenza por no lograr acompasar estos dos planos. Para afrontar esta culpa o esta vergüenza, es habitual seguir uno de estos caminos. El primero es el de intentar ajustar el pensamiento a la experiencia, lo que nos lleva a reducir el pensamiento a una especie de justificación de lo que hacemos, restándole rigor, amplitud y vuelo. El segundo es intentar ajustar nuestra forma de sentir o hacer a lo que pensamos, lo que nos lleva a puentear la complejidad que somos, a no tener en cuenta nuestra historia, a violentarnos y a fingir ser lo que en realidad no somos. Ante esto,...
Una apuesta veraniega

Una apuesta veraniega

Como ya sabéis, en mi trabajo escucho a diversas personas que buscan conocerse para orientar su vida con más libertad y autenticidad. Con este ejercicio he ido entendiendo que el miedo al otro o a la otra es una constante en la vida de mucha gente, ¿o quizás en la vida de todo el mundo? Miedo a molestar, miedo al rechazo, miedo al juicio, miedo a la violencia, miedo al ridículo, miedo a la inadecuación, miedo a dañar, miedo a no gustar, miedo a no ser querible. Es un miedo que, cuando cobra fuerza, bloquea y nos quita espontaneidad, nos deja en manos de las demás personas dejando en suspenso nuestro propio ser, nos lleva a prestar más atención a lo qué pensarán que a la propia mirada. Desde ahí, es fácil vivir la vida y las relaciones como un mero trámite a seguir en el que nuestra voz se apaga y nuestra presencia se desdibuja, perdiendo pie. Pero este, en mi opinión, no es realmente el gran problema. Para mí, el gran problema es que se suele vivir todo esto como si en el fondo no sucediera nada, como si fuéramos totalmente libres, como si estuviéramos eligiendo la forma de relacionarnos y de vivir sin miedo y sin lucha. Ante esto, según voy descubriendo, el simple hecho de mirar lo que nos sucede y tomar consciencia de ello ya es en sí mismo una forma de tocar tierra, de entrar en contacto con lo que somos y por tanto de ganar en presencia. Cuando este ejercicio va ocupando lugar y fuerza, se hace más viable la posibilidad de...

Nueva edición del taller ‘¿Es posible amar y ser libre a la vez?’

‘De hacerte la cama y hacerte la cena, se me fueron las ganas de hacerte el amor.’ (Mujeres Creando) Mujeres y hombres, con diferente intensidad y forma, hemos puesto gran cantidad de energía vital en buscar formas de amar que se alimenten de nuestra libertad y formas de experimentar la libertad que se nutran de nuestra capacidad de amar. Con frecuencia, este tipo de apuestas propicia ganancias pero también conflictos y dificultades. Este es un espacio de reflexión e intercambio para quienes no se resignan a tener que elegir entre esas dos necesidades fundamentales para cualquier vida y, desde el deseo de mantener viva esa búsqueda, están en disposición de compartir, interrogarse, nombrar y aprender junto a otras personas. Se trata de un taller basado en la escucha y el cuidado para que el intercambio de experiencias, reflexiones y  aprendizajes no conlleve para nadie la presión de tener que compartir lo que no quiera y facilite que todas y todos tengan espacio para poder decir lo que considere. Las sesiones se desarrollarán los martes 5, 12 y 19 de julio, de 18:30 a 21 de la tarde. Nos encontraremos en la sede de Singulares que está en Paseo de los Pontones 7, bajo interior, puerta 4, muy cerca del metro Puerta de Toledo. El precio son 60 euros por el taller completo. Si quieres inscribirte o quieres alguna información más, escribe a contacto. Del mismo modo, si conoces a alguien a quien le pueda interesar, te agradezco la difusión....
Bailar el dolor

Bailar el dolor

Duele la tripa, duele el ardor de la fiebre en la cabeza, duele la inflamación, duele… Duele la impotencia de no saber bien qué hacer ante esto… Duele, en lo más profundo, la soledad de vivir una enfermedad crónica en una cultura que cierra los ojos ante este tipo de dolor, que nos invita a seguir la vida como si esto no estuviera sucediendo… O lo que es lo mismo, nos invita a negar una parte fundamental de lo que somos. Duelen las palabras que no encuentro para hablar de todo esto y el nudo en la garganta de quienes me quieren escuchar y no encuentran el modo… Duele el miedo al dolor que, en lo más hondo, es miedo a la vida. (…) En una sesión del seminario Lo Personal es Político cada quién conectó con algún dolor de su cuerpo y lo bailó. Catarsis para quienes se han pasado la vida acallando el dolor o viviendo como si éste no estuviera o forzando la máquina. Encuentro de un camino distinto, más integrador, más humano. Un nuevo estar, un nuevo lenguaje, una mayor confianza. Nos topamos con la alegría que nace de estar con (todo) lo que hay junto a otras y a otros. Una alegría muy distinta a esa otra que surge de mirar solo ‘lo positivo’ dejando bajo la alfombra lo que empaña ese ideal de salud y bienestar. (…) Ante esta propuesta y esta posibilidad, hubo también quienes se escudaron en el baile para desconectar de su dolor. Incluso en aquellas actividades donde el cuerpo está muy presente podemos hacer oídos sordos al dolor y...