¡A vivir!

¡A vivir!

En el curso El arte de la escucha y la comunicación desarrollo una propuesta de relación basada en lo real. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir crear relaciones basadas en lo que realmente somos y no en lo que nos gustaría ser. Y lo que somos es también esa dificultad para reconocer y estar en lo real. Propongo un camino para aprender a vivir lo que nos sucede en la realidad en vez de forzarnos a cumplir un ideal que muchas veces es un imposible o de identificarnos con un ‘deber ser’ que a menudo es una impostura. Es que, al empeñarnos en ser otra cosa distinta a la que somos (a la que vamos siendo), bloqueamos nuestra capacidad de crear, de sentir, de decidir, de luchar y, en definitiva, de ser. Por ello, creo que es importante pararnos a pensar qué estamos diciendo realmente cuando decimos frases del tipo ‘ya verás que todo saldrá bien’, ‘si pones energía en lograr tu deseo éste se cumplirá’, ‘hay que tener una mirada positiva’… ¿No se trata de frases que nos invitan a salirnos de lo real idealizando la vida y la experiencia? Os dejo aquí esta entrevista a Odín Dupeyrón donde él explica con mucha claridad, simpatía y frescura esto que digo. Espero que la disfrutéis:...
Una medida humana para transformar el mundo

Una medida humana para transformar el mundo

Hace dos domingos, volví a encontrarme con uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político y, en esta ocasión, hablamos de la mesura y la desmesura a la hora de crear y recrear otro mundo posible. O mejor, otro mundo que sabemos que es posible porque, de algún modo, ya existe en diversas prácticas y relaciones de nuestro día a día. Os traigo aquí dos de las reflexiones de este encuentro que me tocaron especialmente…. La primera tiene que ver las palabras militancia y activismo. La primera tiene la misma raíz que militar o milicia mientras que la segunda nos remite a un actuar sin descanso. Las dos juntas recuerdan a ese hilo histórico fundamentalmente masculino que ha estado marcado por ‘dar la vida por una causa’. No es extraño, por tanto, que en este marco simbólico, nos entre el cansancio por tanta armadura, por el exceso de actividad y por la desorientación al no poder digerir lo que (nos) va pasando. Ante esto, no es la primera vez que alguien habla de la necesidad de replantear los tiempos y las formas de actuar políticamente. Somos varias las personas y los grupos que buscamos caminos donde la reflexión y el cuidado vayan de la mano del actuar, sin que ello implique caer en una suerte de pacifismo o de buenismo que no nos permita sacar nuestra rabia y nuestra fuerza cuando la violencia nos golpea. Ahí seguimos, pensando, intentando, probando, errando… La segunda reflexión tiene que ver con cómo nos situamos ante la barbarie que sucede en el mundo y que a menudo cobra unas dimensiones dificilmente...
Entre la resignación y la aceptación hay un abismo

Entre la resignación y la aceptación hay un abismo

¡Cuántas veces he estado en un lugar determinado y, como si tuviera unas cuerdas que me empujaran a estar en otro sitio, no he logrado estar ahí con todo mi ser! Siento así y me digo que debo sentir asá, deseo así y me digo que debo desear asá, me expreso así y me digo que debo expresarme asá… Lo mismo me pasa con la realidad que me rodea: las cosas son así pero deberían ser asá, la gente piensa así pero debería pensar asá… Esa lucha entre el ser y el deber ser, tal como nos señaló Antonio Guijarro en el encuentro que tuvimos con él el viernes pasado, nos suspende, en el doble sentido de la palabra. Nos deja sin suelo e invalida nuestra experiencia real y concreta. El sábado pasado, en el seminario Lo Personal es Político, pensamos sobre esto a partir de algunos ejemplos. Traigo aquí dos de ellos… Pensad en una mujer que está sufriendo malos tratos por parte de su pareja. Si ella se empeña en que él sea otro, estará atrapada intentando que cambie o fingiéndose a sí misma que no es cómo es. Si ella se resigna ante esa realidad, estará igualmente atrapada como si esta situación fuera un destino ineludible. Ahora bien, si ella es capaz de aceptar que él actúa tal como lo hace y es capaz de mirar sin idealizar ni minusvalorar su propio dolor, será capaz de vivir con más intensidad esa experiencia y, desde ahí, conectada con su realidad, le será más fácil moverse hacia un lugar donde pueda vivir mejor. O sea, alejada de los...