Manuela y Ada

Manuela y Ada

Ayer por la tarde, con uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político, hablamos de todo lo que se cuece en nuestras casas y su trascendencia política. Fue una reflexión potente, aunque me quedé con la sensación de no terminar de tocar totalmente el hueso de lo realmente importante. Horas después respiré ante la posibilidad de que Manuela Carmena fuera la nueva alcaldesa de la ciudad en la que vivo y me emocioné al ver el rostro de Ada Colau lleno de lágrimas. Y, sin saber bien por qué, por primera vez en mi vida sentí una alegría enorme ante el hecho de que las mujeres (estas mujeres) estuvieran copando puestos de poder. Me pregunté por qué antes no había sentido esa emoción al ver a mujeres en el poder y ayer, sin embargo, sentí que era muy importante que ellas estuvieran ahí. Y empecé a recapitular algunas de las reflexiones sobre la casa / hogar que habíamos tenido por la tarde. Muchas casas, como ya sabéis, son lugares donde se desarrolla una cantidad ingente de trabajo para que el aire sea respirable y podamos cobijarnos a gusto, para que todos los miembros de la familia estén bien alimentados, para que nuestros cuerpos estén sanos y descansados, para que nadie pase frio ni calor, para que ‘tengamos la fiesta en paz’, etc, etc, etc, etc, etc. Es un etcétera infinito de pequeños detalles que nos sostienen la vida. Como ya sabéis también, este trabajo ha sido realizado fundamentalmente por mujeres, aunque evidentemente no solo ha sido hecho por ellas. Ha sido un trabajo invisibilizado y poco reconocido...
Rabia

Rabia

A veces, de tanto ningunear la rabia, ésta se aquieta como si no estuviera. Y seguimos nuestra vida sin escuchar ni atender todo lo que ella nos diría si la dejásemos. Pero ella sigue estando ahí, hurgando silenciosamente en las entrañas. Otras veces, como si se tratara de un disco rayado, la rabia se atasca recordándonos una y otra vez la injusticia o la afrenta que hemos sufrido, la oportunidad perdida o el instante de opresión, la palabra no dicha o la que fue dicha a destiempo, la muerte de un ser querido o nuestra propia enfermedad. Son momentos en los que la rabia se deja absorber por la queja y se estanca. Carcome por dentro. Agota. Cuando dejamos salir ese come-come sin haberlo digerido primero, sin haber entendido con profundidad qué nos hiere realmente, podemos dañar e incluso dañarnos porque es fácil que la rabia se alíe con el enfado y, como si se tratara de un vendaval, arrase con lo que se encuentra sin ton ni son. Ante esto, más que contenerla, bienvenidas son las oportunidades de chillar, de llorar, de dar patadas, de correr, de bailar con furia, de dar salida a toda esa tensión que, si se queda en el cuerpo, también daña. No es fácil encontrar los espacios para ello, pero ahí están. Nuestra creatividad y nuestros dones artísticos son otro camino para dar rienda suelta a la rabia instalada en el cuerpo y, a la vez, es un camino para entender mejor quiénes somos y qué nos pasa. Es que, cuando logramos acoger nuestra rabia y escucharla, encontramos un hilo para entender qué...
¿Libertad sexual?

¿Libertad sexual?

El viernes pasado, las Mujeres Singulares hablamos sobre la libertad sexual y, como siempre, el intercambio fue muy enjundioso. A pesar de que somos muy distintas en cuanto a edades y formas de ser, prácticamente todas hemos vivido el peso de la represión: la sexualidad como pecado, la presión para ser una mujer decente, miedo a ser usada por los hombres, desconocimiento del propio cuerpo y del propio placer, miedo al embarazo y sus consecuencias, etc. Junto a esto, todas hemos vivido el peso de la presión de ser ‘libres sexualmente’. O lo que es lo mismo, la presión para reproducir un modelo basado en la cantidad de coitos y de variedad de prácticas, de orgasmos y de encuentros, en esa disponibilidad que no entiende de bloqueos ni de cansancios. Esa forma de entender las cosas explica porque a muchas de nosotras, en un primer momento, nos entró pereza hablar sobre ‘libertad sexual’. Y así, indagando, topamos con otra forma de entender la libertad. Para nosotras la libertad sexual es la posibilidad de hacer y también la de no hacer, de decir y no decir, de sentir lo que sentimos y no presionarnos a sentir otra cosa, de expresar lo que hay y no lo que se espera de nosotras, de explorarnos y también de no hacerlo. Esto tiene una relación directa con escucharnos, tomarnos en serio, no censurar lo que en realidad nos sucede ni intentar fingir que nos sucede otra cosa. No es tarea fácil cuando hemos crecido con tanto ruido y tanto silencio en torno a la sexualidad, cuando la mirada externa nos censura, cuando somos...
Mucho más que el aborto

Mucho más que el aborto

Hace dos viernes, las Mujeres Singulares volvimos a reunirnos. Esta vez charlamos sobre nuestras vivencias y experiencias relacionadas con el aborto inducido. A medida que profundizamos en esta reflexión nos fuimos conmoviendo. Juntas vimos con mucha claridad que gran parte del ruido que existe en torno a esta práctica tiene que ver con un hilo histórico patriarcal que ha promovido la usurpación del cuerpo femenino, o lo que es lo mismo, ha promovido que cada mujer tenga dificultades para conocer su propio cuerpo, cuidarlo y vivirlo libremente como algo que le pertenece. Una educación que trata, no solo a la sexualidad, sino a los propios cuerpos como tabú genera distancia y miedo hacia la propia vivencia corpórea. Una liberación que banaliza todo lo que se pone en juego cuando una mujer da rienda suelta a su deseo y tiende a medir la libertad en términos contables nos desorienta. Un cúmulo de información técnica desconectada de los miedos, las necesidades, las fantasías y los deseos cortocircuita la posibilidad de integrar esta información a la experiencia. Por no hablar de la cosificación del cuerpo femenino en multitud de imágenes que vemos en diferentes medios de forma continuada. Bajo este paraguas, no es extraño que muchas mujeres se vean abocadas a prácticas sexuales no elegidas ni deseadas, se vean con la dificultad para dar pábulo a sus deseos y sus necesidades, carezcan de la claridad para discernir los riesgos que corren en determinados encuentros sexuales. No es extraño, por tanto, que la cifra de embarazos no deseados se dispare cuando cobra fuerza el oscurantismo, la moralina o la banalización. No es extraño...
El trabajo: retos y encrucijadas

El trabajo: retos y encrucijadas

En la última reunión de Mujeres Singulares hablamos sobre nuestra experiencia de trabajo y, como fue tan rica nuestra charla, me animé a traer aquí algunos de nuestros nudos, reflexiones, preguntas, intuiciones y saberes. En el concepto de trabajo que se usa habitualmente no cabe muchos de los trabajos que hacemos. Trabajamos cuando cuidamos, cuando mantenemos nuestra casa habitable, cuando afrontamos un conflicto, cuando desempeñamos nuestro empleo. En este sentido, la disociación entre trabajo y vida es algo que no casa bien con nuestra experiencia. La gestión y el sostenimiento de la vida conlleva trabajo. A menudo llevamos vida a nuestros empleos o trabajos remunerados y aspiramos a que éstos sean una experiencia de vida o, mejor aún, que enriquezcan nuestra vida. De ahí el dolor que sentimos cuando nos vemos en la tesitura de convertirnos en robots o en mujeres insensibles para poder soportar, mejorar o mantenernos en el mercado laboral. Como todo el mundo, nos hace falta dinero y el trabajo es nuestra mayor fuente de ingreso. Sin embargo, la mayoría de las veces no nos salen las cuentas. Somos conscientes de que mucha energía, amor, deseo y creatividad que ponemos en nuestros trabajos no tienen precio y, por tanto, no es posible medirlos en términos puramente económicos. Ahora bien, cuando percibimos a cambio de nuestros talentos sueldos de miseria, el alma se nos cae a los pies. Para nosotras, el éxito laboral es poder llevar el deseo, el sentido y nuestros talentos a su máxima expresión, bajo el marco de unas condiciones laborales dignas. Esto choca, una vez más, con una vara de medir que no...