Aprender a practicar la paz

Aprender a practicar la paz

Asomada a la ventana, veo pasar a un gitano rumano con la bandera de España en su cabeza a modo de pañuelo. Me cuentan que unos chicos que viven en un piso de acogida se pasean con unas banderitas de España compradas por un euro a un chino. Por Madrid Río veo banderas colgadas en varios balcones y me pregunto qué anhelo, necesidad, miedo o ideas hay detrás de cada una que, siendo iguales, quizás tengan trasfondos diversos. A Serrat lo tildaron de fascista por no estar de acuerdo con el referendum del 1-O y hay quien dice en mi barrio que la policía tenía que haber sido más contundente. Y se me engullen las palabras porque no encuentro vocabulario para decir lo que quiero decir entres posturas tan enconadas. Dicen que hay quien ha retirado estos días sus ahorros de La Caixa para dificultar que Cataluña sea viable y me vienen a la cabeza estos hombres que dificultan enormemente la independencia de su ex-mujer cancelando cuentas o dejando de pagar la pensión. Esto me lleva a pensar también que la emocionalidad nacionalista tiene más fuerza que la ética anticapitalista a la hora de sacar fondos de los bancos.                 Dicen que Rajoy (y ahora también el rey), con su política, es el mayor promotor del independentismo catalán. Y recuerdo muchas ocasiones en las que me he sentido muy unida a otras personas estando en contra de y, cuando esa amenaza ha dejado de estar en nuestro horizonte, encontrándome con brechas profundas a la hora de crear algo juntas. (…) Hace dos...
Incoherencias

Incoherencias

Puedo pensar que los seres humanos estamos hechos para experimentar la sexualidad sin exclusividad y no sentirme preparada para abrirme a este tipo de posibilidad. Puedo comprender el daño que el azúcar hace a la salud y no renunciar al disfrute de deliciosos pasteles. Puedo manejar información sobre la inminencia del cambio climático y  seguir usando coche. Podría seguir con muchísimos ejemplos que todas y todos conocemos… Una cosa es nuestra capacidad para elaborar un pensamiento riguroso y una opinión consistente sobre lo que nos sucede y otra distinta es cómo sentimos y experimentamos eso que nos sucede. No quiero decir con esto que nuestra forma de pensar no afecta a cómo experimentamos nuestra vida ni que la experiencia no afecta a nuestra forma de pensar, digo simplemente que son dos planos distintos de nuestra existencia. A las divergencias entre pensamiento y experiencia se las suele llamar incoherencias. Cuando éstas se dan, no es extraño que una vocecita en nuestro interior nos llene de culpa o de vergüenza por no lograr acompasar estos dos planos. Para afrontar esta culpa o esta vergüenza, es habitual seguir uno de estos caminos. El primero es el de intentar ajustar el pensamiento a la experiencia, lo que nos lleva a reducir el pensamiento a una especie de justificación de lo que hacemos, restándole rigor, amplitud y vuelo. El segundo es intentar ajustar nuestra forma de sentir o hacer a lo que pensamos, lo que nos lleva a puentear la complejidad que somos, a no tener en cuenta nuestra historia, a violentarnos y a fingir ser lo que en realidad no somos. Ante esto,...
Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Cuando la mente y el cuerpo se dan la mano

Bailo y me dejo llevar venciendo el miedo a hacer el ridiculo, a que suceda lo que no está previsto, a encontrarme con partes mías desconocidas, a no ser adecuada… Bailo y algo se abre, se despierta, fluye. Pero, ¿qué es ese algo? La respuesta más fácil sería decir que conecto con mi cuerpo, que me dejo ser cuerpo. Por supuesto que algo de eso hay, pero no solo. Vayamos por partes… Un cuerpo que no está habitado es un cuerpo muerto. Lo que fluye, se despierta y se abre es algo más. Son momentos de presencia, no solo física, sino también emocional, espiritual y mental. Sí, no me he equivocado, he dicho mental. Son momentos en los que la mente deja de rumiar para dejarse mecer por el compás del ritmo, de la emoción. La mente deja de especular y se abre sin más a lo que sucede en el momento presente. La mente se integra en el juego de la vida y gana en alegría. La mente se airea y gana en flexibilidad y poesía. Lo que se detiene cuando bailo de este modo no es la mente, sino esa actividad mental torturante que a menudo me visita y que no me deja estar tranquila, no me deja atender lo que sucede, no me deja pensar con curiosidad, no me deja caminar en el territorio de la duda sin presión. De tal modo que bailar, dejar que el cuerpo sienta y exprese la totalidad de mi experiencia, es un modo de crear las condiciones para pensar con más sentido, más tino, más apertura, más riesgo. En la...
¡Os deseo un 2016 luminoso!

¡Os deseo un 2016 luminoso!

En este principio de 2016 he revisitado ‘Hacia un saber sobre el alma’ de María Zambrano y, al hacerlo, me he reencontrado con estas palabras que tocan de lleno el sentido que procuro dar, día a día, a Singulares. ‘La pasión sola ahuyenta a la verdad, que es susceptible y ágil para evadirse de sus zarpas. La sola razón no acierta a sorprender la caza. Pero pasión y razón unidas, la razón disparándose con ímpetu apasionado para frenar en el punto justo, puede recoger sin menoscabo a la verdad desnuda.’ Con esta cita, os deseo un año luminoso, vitalista, lleno de pepitas de verdad...
Una medida humana para transformar el mundo

Una medida humana para transformar el mundo

Hace dos domingos, volví a encontrarme con uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político y, en esta ocasión, hablamos de la mesura y la desmesura a la hora de crear y recrear otro mundo posible. O mejor, otro mundo que sabemos que es posible porque, de algún modo, ya existe en diversas prácticas y relaciones de nuestro día a día. Os traigo aquí dos de las reflexiones de este encuentro que me tocaron especialmente…. La primera tiene que ver las palabras militancia y activismo. La primera tiene la misma raíz que militar o milicia mientras que la segunda nos remite a un actuar sin descanso. Las dos juntas recuerdan a ese hilo histórico fundamentalmente masculino que ha estado marcado por ‘dar la vida por una causa’. No es extraño, por tanto, que en este marco simbólico, nos entre el cansancio por tanta armadura, por el exceso de actividad y por la desorientación al no poder digerir lo que (nos) va pasando. Ante esto, no es la primera vez que alguien habla de la necesidad de replantear los tiempos y las formas de actuar políticamente. Somos varias las personas y los grupos que buscamos caminos donde la reflexión y el cuidado vayan de la mano del actuar, sin que ello implique caer en una suerte de pacifismo o de buenismo que no nos permita sacar nuestra rabia y nuestra fuerza cuando la violencia nos golpea. Ahí seguimos, pensando, intentando, probando, errando… La segunda reflexión tiene que ver con cómo nos situamos ante la barbarie que sucede en el mundo y que a menudo cobra unas dimensiones dificilmente...