Ya van siete años

Ya van siete años

Hoy hace siete años que inicié la aventura de Singulares y, como ocurre con cada cumpleaños, una se para a pensar sobre qué significa el tiempo, los años, estar viva… Pero, en esta ocasión, esta reflexión se ha vuelto más densa y profunda. Esto es así porque empezaré este nuevo año en Singulares siendo huérfana de madre. Hay algo extraño en eso de ya no tener esa raíz que, al haber sido tan frágil en los últimos tiempos, casi no me daba cuenta de que seguía ahí. Lo que me hace pensar en todo aquello que me sostiene y que no siempre le presto atención. Esa experiencia reciente me ha enseñado algunas cosas… … que la muerte sigue siendo un tabú y no es fácil hablar de ella. … que seguimos afrontando la muerte como un hecho extraordinario. … que la muerte es radical y rotunda, o lo que es lo mismo, cuando alguien se va lo hace para siempre. … que por miedo a molestar podemos dejar de acompañarnos. … que los clichés sobre la experiencia en torno a la muerte hacen ruido en la propia experiencia, más aún cuando ésta no encaja con esos clichés. … que no tiene sentido la muerte en vida. … que el miedo dificulta la comunicación franca y empática entre familia y personal médico a la hora de decidir si vale la pena o no mantener a alguien con vida cuando el nivel de sufrimiento es demasiado alto. Lo que produce más sufrimiento aún. … que esa mirada superficial y ‘positiva’, como la del o de la turista que rechaza lo feo...