¿Libertad sexual?

¿Libertad sexual?

El viernes pasado, las Mujeres Singulares hablamos sobre la libertad sexual y, como siempre, el intercambio fue muy enjundioso.

A pesar de que somos muy distintas en cuanto a edades y formas de ser, prácticamente todas hemos vivido el peso de la represión: la sexualidad como pecado, la presión para ser una mujer decente, miedo a ser usada por los hombres, desconocimiento del propio cuerpo y del propio placer, miedo al embarazo y sus consecuencias, etc.

Junto a esto, todas hemos vivido el peso de la presión de ser ‘libres sexualmente’. O lo que es lo mismo, la presión para reproducir un modelo basado en la cantidad de coitos y de variedad de prácticas, de orgasmos y de encuentros, en esa disponibilidad que no entiende de bloqueos ni de cansancios. Esa forma de entender las cosas explica porque a muchas de nosotras, en un primer momento, nos entró pereza hablar sobre ‘libertad sexual’.

Y así, indagando, topamos con otra forma de entender la libertad. Para nosotras la libertad sexual es la posibilidad de hacer y también la de no hacer, de decir y no decir, de sentir lo que sentimos y no presionarnos a sentir otra cosa, de expresar lo que hay y no lo que se espera de nosotras, de explorarnos y también de no hacerlo. Esto tiene una relación directa con escucharnos, tomarnos en serio, no censurar lo que en realidad nos sucede ni intentar fingir que nos sucede otra cosa.

No es tarea fácil cuando hemos crecido con tanto ruido y tanto silencio en torno a la sexualidad, cuando la mirada externa nos censura, cuando somos vistas como meros objetos de placer y la violencia sexual nos acecha, cuando no hemos aprendido a hacernos responsables de nuestra propia experiencia, cuando se trata de un terreno donde se juega una parte importante de nuestra vulnerabilidad.

Con todo, encontrarnos y hablar de ello puso en evidencia de que somos capaces de indagar en nuestra experiencia para identificar cuando estamos en una cama equivocada, cuando nos falta ternura y afecto para que nuestra líbido siga vida, cuando estamos forzándonos a hacer lo que no queremos, cuándo estamos forzando a la propia realidad para que se parezca a nuestra fantasía, cuándo tenemos un bloqueo que vale la pena atender.

De este modo, ha sido importante decir en voz alta que:

  • la sexualidad está viva en las mujeres (del mismo modo que en los hombres) a todas las edades.
  • la confianza y la seguridad nos ayuda a la hora de expresarnos en una relación sexual.
  • en general, nos es más fácil ser libres en relaciones estables, aunque aspiramos serlo en todo tipo de relaciones.
  • es importante escuchar qué nos ocurre y qué necesitamos en el antes, en el durante y en el después.
  • obsesionarnos por la frecuencia o por el número de orgasmos nos desorienta y nos quita la frescura para hacer lo que en realidad nos pide el cuerpo.
  • no es lo mismo entregarse al juego de la relación que someterse.
  • no es lo mismo tenerse en cuenta que encerrarse en sí misma.

En definitiva, poner verdad y consciencia a la hora de hablar sobre todo ello, nos abre la posibilidad de habitar nuestros cuerpos con más gusto y libertad.

* La foto de este post es de Nan Goldin.

1 Comment

  1. Graciela que importante es compartir con un grupo de mujeres cómo viven la sexualidad, en este caso la “libertad sexual” Qué cierto todo lo que comentas y qué enriquecimiento para todas.
    ¡gracias!

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