Manuela y Ada

Manuela y Ada

Ayer por la tarde, con uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político, hablamos de todo lo que se cuece en nuestras casas y su trascendencia política. Fue una reflexión potente, aunque me quedé con la sensación de no terminar de tocar totalmente el hueso de lo realmente importante.

Horas después respiré ante la posibilidad de que Manuela Carmena fuera la nueva alcaldesa de la ciudad en la que vivo y me emocioné al ver el rostro de Ada Colau lleno de lágrimas. Y, sin saber bien por qué, por primera vez en mi vida sentí una alegría enorme ante el hecho de que las mujeres (estas mujeres) estuvieran copando puestos de poder.

Me pregunté por qué antes no había sentido esa emoción al ver a mujeres en el poder y ayer, sin embargo, sentí que era muy importante que ellas estuvieran ahí.

Y empecé a recapitular algunas de las reflexiones sobre la casa / hogar que habíamos tenido por la tarde.

Muchas casas, como ya sabéis, son lugares donde se desarrolla una cantidad ingente de trabajo para que el aire sea respirable y podamos cobijarnos a gusto, para que todos los miembros de la familia estén bien alimentados, para que nuestros cuerpos estén sanos y descansados, para que nadie pase frio ni calor, para que ‘tengamos la fiesta en paz’, etc, etc, etc, etc, etc. Es un etcétera infinito de pequeños detalles que nos sostienen la vida.

Como ya sabéis también, este trabajo ha sido realizado fundamentalmente por mujeres, aunque evidentemente no solo ha sido hecho por ellas. Ha sido un trabajo invisibilizado y poco reconocido y, en demasiadas casas, esto ha supuesto violencia y explotación hacia quienes lo realizan. Ahora bien, junto a todo ello, quienes han estado haciendo este tipo de cuidados con responsabilidad y atención han desarrollado una sabiduría sobre la vida que a menudo pasa desapercibido.

Y ahí está mi nudo. He visto a muchas mujeres que, a la hora de ostentar el poder, han dado la espalda a toda esta sabiduría, como si hubieran dado un portazo al salir de casa para no volver a prestar atención a lo que sucede allí hasta volver a cobijarse en ella. O sea, mujeres que han decidido actuar como lo han hecho demasiados hombres a lo largo de la historia.

Ayer vi a Manuela y a Ada mostrando alegría, agradecimiento y humildad. Me di cuenta, de pronto, que esa emoción que yo sentía tenía que ver con el hecho de que ellas no han dado ese portazo y piensan en la gestión de la ciudad como si se tratara de una gran casa, o sea, no como si fuera una empresa o un campo de batalla, sino como un lugar donde es necesario hacer el aire respirable y dar cogijo a todo el mundo, asegurar que todas y todos estén bien alimentados, escuchar por si se les escapa algo importante, intentar seducir a quienes están en otra onda en vez de intentar vencer o convencer, parar los pies y amonestar a quién daña y hace inviable la convivencia y la justicia, mantener la puerta entreabierta para hacer viable una relación cordial y de colaboración con el vecindario etc, etc, etc…

Ellas, con su buen hacer, han sabido quitar el grano de la paja, han sabido rescatar esta sabiduría dando un portazo a la violencia y a la explotación. Y ahí, justo ahí, estaba ese hueso que no había conseguido tocar en el encuentro que tuvimos  por la tarde.

Creo que ese es uno de los nudos más importantes y significativos de la política actual. Seguiré atenta a ver qué pasa…

1 Comment

  1. !Cuánto me gusta mirar a dos mujeres políticas sonriéndose y juntando sus manos!

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