Maternidades

Maternidades

Nos han dicho que ser madre es sacrificarse, darlo todo, amar de forma incondicional, vivir siempre preocupada,  dejar el resto de su vida en un segundo plano, dar de mamar, cuidar… Por el contrario, nos han dicho también que un hijo o una hija necesita que su madre esté bien y que por eso es bueno que la madre tenga proyectos propios y sea feliz.

Nos han dicho que niñas y niños necesitan límites y también que si se les da la oportunidad se autorregulan, que necesitan estar a su aire para descubrir el mundo y también que hay que controlarlos para que no se asalvajen, que necesitan mamar hasta los dos años y también que una madre no debe renunciar a un buen puesto por dar la teta, que necesitan, necesitan, necesitan…

Nos han dicho además que la maternidad, por si misma, da sentido y plenitud a la vida de las mujeres, como si todas las experiencias fueran iguales entre sí y como si el sentido de nuestras vidas nos lo pudiera dar otra persona.

Nos han dicho… tanto tanto…

A estas alturas de la lectura supongo que ya habéis podido sentir la presión que este conjunto de sentencias, consejos, idealizaciones y expectativas pueden suponer para cualquier madre. Ideas que se han ido interiorizando en las entrañas de muchas mujeres en forma de mandatos y de dogmas, de tal modo que es fácil que se sientan culpables cuando no logran cumplir con lo que se les dicta, pasen por encima de sus necesidades cuando éstas chocan con dichos mandatos, se frustren cuando comprueban que ni ellas ni sus hijas o hijos han alcanzado el listón marcado.

Tomar consciencia de la carga que supone para muchas madres este conjunto de expectativas y exigencias ya es mucho porque permite cuestionarlas y abrir una rendija a la realidad.

Estas ideas ponen el foco en el ‘deber ser’ (cómo debe ser una buena madre y cómo han de ser los hijos y las hijas de una buena madre). O lo que es lo mismo, son ideas que desenfocan ‘el ser’, desenfocan la realidad vital de cada madre y de cada hija o hijo con toda su complejidad y contradicciones, desenfocando también la relación singular que ambos crean día a día.

Hace un par de semanas me reuní con cuatro madres para charlar sobre todo esto. Llegamos a la conclusión de que  permitirse no ser perfectas y dejar que sus hijas e hijas tampoco lo sean, escucharse y reconocer los propios sentimientos y necesidades, escuchar y reconocer los sentimientos y necesidades de cada niña y niño, enfocar esta relación como un lugar de encuentro y negociacion, es un alivio y un buen punto de partida.

Este es, además, un modo de enseñar a cada criatura que ella no es el centro del mundo pero sí alguien que se merece respeto y cuidado del mismo modo que también se lo merecen las otras personas. Y para cada madre puede ser un modo de orientación más eficaz que la que pueden encontrar en muchos manuales o lineas pedagógicas, por muy valiosas que éstas sean.

Pero, como nadie dijo que escucharse y escuchar, reconocerse y reconocer, encontrarse y negociar, fuera fácil, más aún por tratarse de relaciones asimétricas cuya responsabilidad recae en madres que a menudo transitan este camino sin referentes y en soledad, seguiremos encontrándonos cada cierto tiempo para seguir buscando, cuestionando y pensando juntas.

PD: Gracias, Nuria, por dejarme poner esa foto donde capté en su día esa mezcla de cansancio y emoción por tu recién estrenada maternidad.

1 Comment

  1. Gracias graciela por tus palabras y a las madres que os reunisteis para hablar de vuestra experiencia. Me parece un ejercicio necesario,hablar,hablar y hablar para dejar a un lado el vacío que a veces produce no encajar en ningún esquema. Lo que más me ha ayudado a disfrutar de mi maternidad ha sido hablar de sus luces y sus sombras con otras madres amigas y también con otras amigas no madres. Gracias a todas por seguir acompañadome!

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