Una apuesta veraniega

Una apuesta veraniega

Como ya sabéis, en mi trabajo escucho a diversas personas que buscan conocerse para orientar su vida con más libertad y autenticidad. Con este ejercicio he ido entendiendo que el miedo al otro o a la otra es una constante en la vida de mucha gente, ¿o quizás en la vida de todo el mundo?

Miedo a molestar, miedo al rechazo, miedo al juicio, miedo a la violencia, miedo al ridículo, miedo a la inadecuación, miedo a dañar, miedo a no gustar, miedo a no ser querible. Es un miedo que, cuando cobra fuerza, bloquea y nos quita espontaneidad, nos deja en manos de las demás personas dejando en suspenso nuestro propio ser, nos lleva a prestar más atención a lo qué pensarán que a la propia mirada.

Desde ahí, es fácil vivir la vida y las relaciones como un mero trámite a seguir en el que nuestra voz se apaga y nuestra presencia se desdibuja, perdiendo pie. Pero este, en mi opinión, no es realmente el gran problema. Para mí, el gran problema es que se suele vivir todo esto como si en el fondo no sucediera nada, como si fuéramos totalmente libres, como si estuviéramos eligiendo la forma de relacionarnos y de vivir sin miedo y sin lucha.

Ante esto, según voy descubriendo, el simple hecho de mirar lo que nos sucede y tomar consciencia de ello ya es en sí mismo una forma de tocar tierra, de entrar en contacto con lo que somos y por tanto de ganar en presencia. Cuando este ejercicio va ocupando lugar y fuerza, se hace más viable la posibilidad de crear un camino propio frente a la inercia de lo ya trillado.

¿Te imaginas una vida en la que no tuvieras que huir de lo que te sucede aunque lo que te sucede no te guste? ¿Te imaginas unas relaciones en las que fuera posible compartir con las otras personas lo que en realidad os pasa, incluso vuestros miedos a la propia relación? Estas preguntas han estado en la base del taller ‘¿es posible amar y ser libre a la vez?’ que impartí en este mes de julio y profundizar en ellas es mi apuesta para este verano, lo que implica escuchar y acoger, no solo mis deseos y necesidades, sino también mis inercias, miedos y huidas. Es una apuesta por un verano con más verdad y autenticidad.

¡Os deseo un feliz y amoroso verano!

  • Foto: Graciela Hernández Morales.

1 Comment

  1. Gracias, tienes la facultad de recolocarme, de poner un hito de piedras para que no me equivoque de camino. Lo tengo presente y miraré por ser más yo deshaciendome de los miedos que pueda, o al menos contemplandolos con otra mirada.Buen verano

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