‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’

(Etty Hillesum)

Todas y todos somos singulares. La singularidad es el modo como cada mujer y cada hombre siente y vive su experiencia vital, se da a conocer en cada relación que establece, se expresa con su cuerpo, se sitúa en la sociedad con los recursos materiales y simbólicos de los que dispone, dialoga con su condicionamiento cultural. Es algo vivo, en continua transformación. La singularidad de cada ser humano trae consigo matices y colores que afectan al devenir del mundo.

Esta enorme riqueza se ve ocultada, achatada o amedrentada con demasiada frecuencia. Cuando, en vez de atajar las desigualdades o la injusticia, se atajan las diferencias, confundiendo igualdad con ‘ser iguales’. Cuando la fuerza del individualismo nos hace obviar la necesidad de relación e intercambio para hacernos presentes en el mundo y enriquecer nuestras vidas. Cuando se encasillan las diferentes formas de ser en identidades cerradas frenando la posibilidad de movimiento, aire, intercambio, transformación. O cuando tratamos nuestro condicionamiento social como mero determinismo, o sea, cuando reproducimos guiones vitales predeterminados sin dar pábulo a la posibilidad de crear cestas nuevas con los mimbres que nos vienen dados.

Hablar sobre la singularidad humana es por tanto hablar sobre la libertad, o lo que es lo mismo, sobre nuestra responsabilidad y creatividad a la hora de reconocernos, vivir nuestras vidas,  crear vínculos,  dejar huellas en el mundo, cuestionar y transformar. Tomando en consideración este conjunto de reflexiones, he creado SINGULARES, un espacio de escucha, encuentro, intercambio, reflexión y aprendizaje en el que puedes encontrar diferentes propuestas relacionadas con nuestra forma singular de ser y de estar en el mundo.

 Graciela Hernández Morales.

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Reflexiones desde mi confinamiento (II)

¡TODO IRÁ BIEN! se dice, se dibuja, se ofrece, se repite en estos días de confinamiento. ¡Cuántas veces me  han dicho frases con el mismo mensaje y la misma intención! Me lo han dicho cuando me he enfrentado a algún examen, a alguna operación, al paro, etc. Me lo han dicho como si trataran de espantar mi miedo, mi fragilidad, mi desorientación, como si quisieran que me agarrara a algún ‘pensamiento positivo’ para salir del dolor, como si no confiaran en mi capacidad de vérmelas con la incertidumbre sin quedarme atascada en su fango. Pero no, la cosa no ha salido siempre bien. De hecho, si me hubiera agarrado a esa positividad me hubiera visto sin recursos para afrontar retos totalmente imprevistos. De modo que hoy, aún a sabiendas de que hay afecto y buenos deseos cuando se dice que todo saldrá bien, no puedo evitar preguntarme: ¿Cómo lo saben? Son frases que quizá consuelen pero me dejan flotando en el aire. Es como agarrarse a una barandilla que, siendo endeble, aparenta robustez. Y ya sabéis el riesgo que conlleva eso. Además de ser un asidero demasiado frágil, su lógica me ha dejado muda en más de una ocasión. ¿Cómo nombrar, acoger, entender y acompañar mi miedo u otro tipo de sensaciones que me habitan cuando mi interlocutor o interlocutora las considera, no solo como algo negativo, sino como algo que es peligroso prestar atención? Ante esto, lo fácil es sonreír, fingir que se está mejor de lo que en realidad se está y dejar que la procesión vaya por dentro. Es más, agarrarse a un asidero tan endeble...

Reflexiones desde mi confinamiento (I)

Es tanto lo vivido en tan poco tiempo que, como le habrá pasado a tanta gente, se me han ido agolpando muchas, demasiadas reflexiones. La mayoría de ellas tienen conexión con lo que he ido descubriendo y aprendiendo en Singulares. Voy a empezar a dar cuerpo a estas reflexiones y a compartirlas en estos días de confinamiento. Ojalá sean de vuestro interés. Ahí va la primera de ellas… … Somos seres vivos. Este hecho rotundo y radical conlleva la posibilidad de enfermar y morir. Sé que esto que os acabo de decir puede parecer una perugrullada, sin embargo es algo que se tiende a obviar o minusvalorar en nuestra cultura, en nuestra forma de organizarnos y en nuestra forma de afrontar el día a día. En estos momentos, la mayoría de las y los mortales sentimos una perplejidad propia de quien afronta una situación novedosa de una envergadura desconocida. Una perplejidad que tiene que ver también con esa dificultad para mirar de frente esa realidad que solemos minimizar u ocultar. Me atrevería a decir que se trata de un tabú que el Covid-19 nos está obligando a destapar y no es fácil. ¿Cómo hacerlo cuando tendemos a vivirnos como inmortales? ¿…cuándo experimentamos la enfermedad o la muerte como algo imprevisto que no está integrado en nuestro tiempo, en nuestras agendas, en nuestro horizonte de posibles? ¿…cuándo nos falta vocabulario para relatar la experiencia de fragilidad y finitud sin que nos atrape la queja o ese lenguaje frío y protocolario propio de la medicina? La vida es frágil, es una especie de regalo que no puedo controlar del todo. Cuidar,...

Conflictos practicables

Llevo tiempo sin escribir en este blog porque he estado bastante pachucha. Estos meses, en los que mi energía ha estado centrada en mi recuperación, han sido como un impasse. Algo ha sucedido en mi interior que me ha hecho volver sin tanto apego a mis ideas, lo que me permite ver las cosas con más ligereza y humanidad. Recuerdo que el 8 de marzo del año pasado escribi que sin feminismo no sabría vivir. Y, de algún modo, lo sigo suscribiendo. Por ello, me da pena como algunas cosas se toman excesivamente en serio, desgastan más de lo necesario e hieren de forma estéril. Es como si el suelo que piso estuviera a punto de derrumbarse. Algo interesante y a la vez difícil o complejo del feminismo es que en realidad no se trata de un movimiento sino de muchos, diversos y dispares. Vivir este entramado no es fácil, a menudo duele, confunde, desorienta. La tentación de encontrar ‘las mías’ y atrincherarse en ellas es grande. Sin embargo, cuando una se permite andar suelta, dialogar con este conjunto de reflexiones, prácticas, conflictos y recoger de cada quién lo que le va bien y dejar a un lado lo que no, podrá ir encontrando palabras en las que reconocerse y ante las que interrogarse, narrar su historia de opresión y también de libertad desde lugares y matices inesperados, entender el recorrido de otras aunque su apuesta sea contraria a la suya, ser más creativa, ahondar con más profundidad en lo que nos rodea, y volver a empezar una y otra vez porque el pensamiento y la vida no pueden...