‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’

(Etty Hillesum)

Todas y todos somos singulares. La singularidad es el modo como cada mujer y cada hombre siente y vive su experiencia vital, se da a conocer en cada relación que establece, se expresa con su cuerpo, se sitúa en la sociedad con los recursos materiales y simbólicos de los que dispone, dialoga con su condicionamiento cultural. Es algo vivo, en continua transformación. La singularidad de cada ser humano trae consigo matices y colores que afectan al devenir del mundo.

Esta enorme riqueza se ve ocultada, achatada o amedrentada con demasiada frecuencia. Cuando, en vez de atajar las desigualdades o la injusticia, se atajan las diferencias, confundiendo igualdad con ‘ser iguales’. Cuando la fuerza del individualismo nos hace obviar la necesidad de relación e intercambio para hacernos presentes en el mundo y enriquecer nuestras vidas. Cuando se encasillan las diferentes formas de ser en identidades cerradas frenando la posibilidad de movimiento, aire, intercambio, transformación. O cuando tratamos nuestro condicionamiento social como mero determinismo, o sea, cuando reproducimos guiones vitales predeterminados sin dar pábulo a la posibilidad de crear cestas nuevas con los mimbres que nos vienen dados.

Hablar sobre la singularidad humana es por tanto hablar sobre la libertad, o lo que es lo mismo, sobre nuestra responsabilidad y creatividad a la hora de reconocernos, vivir nuestras vidas,  crear vínculos,  dejar huellas en el mundo, cuestionar y transformar. Tomando en consideración este conjunto de reflexiones, he creado SINGULARES, un espacio de escucha, encuentro, intercambio, reflexión y aprendizaje en el que puedes encontrar diferentes propuestas relacionadas con nuestra forma singular de ser y de estar en el mundo.

 Graciela Hernández Morales.

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8 de marzo: un día para imaginar lo posible

Me imagino un mundo… …donde los hombres dejen de dar crédito y sentido a ese poder militar, económico, sexual y simbólico en el que se prima la ganancia de unos cuantos sobre el bien común. …donde las mujeres ya no queramos repartir esa tarta de poderes malditos con los hombres, sino cuestionarlos con el afán de crear tartas nuevas, más justas, humanas, soportables, vivibles. …donde las mujeres dejemos de reflejar la figura del hombre al doble de lo natural, como nos señaló Virginia Woolf, y donde los hombres vean en la expansión de la presencia femenina, no una amenaza a abatir, sino una posibilidad de intercambio y de enriquecimiento mutuo. …donde las mujeres no olvidemos que las armas del amo no desmantelarán nunca la casa del amo, como nos planteó Audre Lorde. …donde la libertad no se convierta nunca en privilegios sobre otros u otras, como lúcidamente nos indicó Rosa Luxemburgo. …donde los cuerpos femeninos bailen sin miedo bajo el sol y bajo la luna en medio de la revolución, como tal vez se imaginó Emma Goldmann, y donde los hombres den un paso atrás por no querer avasallar ni dominar tanta belleza. …donde, en el mundo entenero, unas y otros tengamos el pan y las rosas que necesitemos para desplegar nuestros deseos y nuestras vidas, sin poner en riesgo nuestra supervivencia despellejando los recursos naturales, sin obviar nuestra interdepedencia, sin caer en esa atomización que tanto nos daña, . …donde el cuidado vaya de la mano del autocuidado y donde el amor no entienda de sometimientos. …donde sea la responsabilidad y no la culpa la que nos mueva....

Afrontar la muerte es también afrontar la vida

Tenemos ideas sobre la muerte que surgen de una mente lógica y que apenas calan en nuestras entrañas, en nuestro sentir. Son ideas que no concuerdan con cómo la experimentamos. Así, por ejemplo, aunque yo considere lógicamente que la muerte es parte de la vida, a menudo me vivo como si fuera inmortal, como si mi muerte no fuera a llegar nunca. Esta disociación me hace saber que, en lo más profundo, tengo una visión sobre la muerte distinta a la que me digo que tengo. En dos de los grupos en los que trabajamos la escucha y la comunicación, hemos compartido algunas de nuestras formas de sentir, experimentar y afrontar la muerte. Fue un balbuceo, un intento de tomar consciencia de esa visión que habita nuestras entrañas y que es consustancial al hecho de haber crecido en una cultura concreta. Y, a medida que fuimos compartiendo, fuimos viendo que nuestra forma de afrontar la muerte toca de lleno a nuestra forma de afrontar la vida. …. Vivir de espaldas a la muerte es, de algún modo, vivir de espaldas a ese movimiento de la vida en el que cada arruga nos recuerda que lo que fuimos ya no está, del mismo modo que esa relación ya no es como era ni ese libro nos dice lo que nos dijo en su día ni ese afán nos mueve como lo hizo antaño. O lo que es lo mismo, vivir de espaldas a la muerte no ayuda a dejar morir lo que ya no está y, por tanto, a dejar nacer lo nuevo y a menudo imprevisible que nos trae...

Carencia de ser

Las inundaciones de Sant Llorenç han dejado trece muertos a su paso, los restos del huracán Leslie hizo estragos en distintos puntos de nuestro país y del sur de Francia, estamos a la espera de una fuerte gota fría en el Mediterraneo como hace tiempo no se ha dado. Y así podría seguir… Me es difícil creer que esto no tenga una relación directa con el cambio climático, con el calentamiento de nuestro clima y de nuestras aguas, como una advertencia de lo que aún está por venir. Me asalta el miedo, la rabia y la impotencia. Son sentimientos fuertes, rotundos, que inundan mis entrañas. Y un sentimiento es mucho más que un sentimiento, es la puerta de entrada a quién soy y a cómo vivo las cosas, lo que me lleva a mirar más allá, o mejor, más acá. Siento miedo porque la información que manejo me hace pensar que voy a vivir en un mundo devastado por las sequías, las inundaciones, la escasez de recursos básicos, el ‘sálvese quien pueda’. Siento rabia porque pienso que todo esto se podría haber evitado con una organización social más consciente de nuestra dependencia de la naturaleza y porque veo que el gran capital sigue negando este hecho para seguir generando beneficios. Siento impotencia porque mi día a día no se corresponde con la envergadura del reto que tenemos delante y porque me es difícil simplemente nombrar esta realidad en un mundo de memes y discursos pseudomágicos que, o bien niegan lo que sucede, o bien muestran una fe ciega en la técnica. Me miro, miro mis sentimientos y me entiendo....