¡A por un 2018 luminoso!

¡A por un 2018 luminoso!

Un minuto nunca es exactamente un minuto. Un año nunca es exactamente un año.

Hoy cumplo 54 años y mi madre me regala unas palabras de amor con una letra temblorosa y frágil.

Medimos el tiempo sin lograr nunca apresar su misterio.

Miro el movimiento de las olas de ese mar gris que hoy me acompaña.

En el 2017 aprendí que no me conviene dejarme arrastrar por la corriente del mundo si no quiero verme engullida en él.

Tampoco me conviene nadar contra la corriente del mundo si no quiero morir de agotamiento e impotencia por pretender hacer lo que no está en mis manos hacer.

Quizás, de lo que se trata, es de saberme parte de este batiburrillo de corrientes que conforma nuestro mundo, ser consciente del lugar que ocupo en él, reconocer mis fuerzas y mis vínculos, y poner en juego mi responsabilidad, mi libertad.

Hablo de andar en lo real y lo real, aunque no siempre es amable, es todo lo que hay.

Dentro de poco estaremos en 2018.

Una nueva cifra para ahondar en ese misterio que no se deja medir.

Un nuevo año para seguir indagando en esa luminosidad que, aunque nace de un contacto rotundo con lo real, es profundamente transformadora.

Pues eso… ¡Os deseo un 2018 lleno de luz y vitalidad!

 

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