Al filo de lo posible

Al filo de lo posible

Mujeres Singulares volvimos a reunirnos hace unos días. En esta ocasión hablamos sobre cómo el miedo afecta a nuestra forma de afrontar la vida.

El miedo forma parte de nuestras vidas, aunque no todas tememos las mismas cosas. Entre todas nombramos miedos diversos y variopintos: a lo desconocido, a tomar decisiones y equivocarnos, a que las personas que queremos nos dejen de querer, a no amar, a molestar, a defraudar, a no dar la talla, a la falta de libertad, a la soledad, a la violencia, al daño físico, a viajar sola, a las alturas, a hablar en público, a no poder salir de un espacio pequeño y cerrado, a vivir sola, a la muerte de nuestros seres queridos, a la enfermedad, a los hombres, a la agresión sexual, al rechazo, a conocernos y descubrir que lo que somos no se corresponde con la imagen que hemos creado de nosotras mismas, a la propia muerte, a la locura, al mar y a los tiburones, etc.

Cuando somos capaces de mirar cada miedo y reconocer las ideas que se esconden detrás de él, nos resulta más fácil discernir cuando su presencia nos protege y cuando simplemente nos paraliza. O sea, nos permite entender cuándo nos avisa de un peligro real o cuándo distorsiona la realidad hasta tal punto que nos bloquea y nos achica.

Hacer este trabajo no implica que los miedos alocados dejen de habitarnos, o no siempre. Ahora bien, entenderlos, mirarlos de frente, conocer su historia, nos da la posibilidad de trabajarlos, de contraargumentar lo que nos dice, de no ser solo el miedo para poder ser también la que lo mira, dialoga con él y toma decisiones a partir de lo que vaya surgiendo de ese dialogo.

Sin embargo, cuando el miedo es vivido como un tabú, resulta difícil hacer este trabajo porque nos encontramos con otro gran miedo: el miedo al miedo. Todas, de un modo u otro, hemos sentido su peso. Nos hemos avergonzado de nuestro miedo, hemos fingido no sentirlo, nos hemos peleado a nosotras mismas por dejar que éste nos habite, etc. Ahora bien, la experiencia nos dice que no es verdad que negar el miedo aminora su presencia, más bien al contrario, desde ahí es fácil que la imaginación engrandezca su fuerza y su potencia.

Todo esto nos desorienta. Unas veces porque, con el afán de zafarnos o de fingir que el miedo no está, nos hemos ‘lanzado a la piscina’ sin atender profundamente el por qué, el cómo o el cuándo. Otras veces porque nos hemos guiado solo por la idea de que no hay que dejarse llevar por el miedo, obviando lo que realmente deseábamos en cada momento. En ocasiones, hemos silenciado la parálisis que sentidos por algún miedo, justificando nuestra conducta con excusas que nada tienen que ver con lo que nos pasa en realidad. Y, en otras ocasiones, aunque el miedo ha estado operando en nuestras vidas, no hemos sido capaces de reconocerlo y darnos cuenta de su fuerza.

Por todo ello, reconocer y compartir nuestros miedos ha sido divertido y liberador. Esta experiencia nos hace saber que es necesario romper ese tabú para poder, como decía antes, reconocer y dialogar con él sin negarlo y sin quedarnos atrapadas en su lógica. O lo que es lo mismo, es un ejercicio que nos permite dejar de violentarnos por no andar en ‘el filo de lo imposible’ y crear un camino que, como dijo Naamá, nos lleve ‘al filo de lo posible’.

Y lo posible, cuando es creado desde la consciencia y el deseo, es mucho más ancho, más profundo, más gustoso y más amplio de lo que nos dicen gran parte de nuestros miedos.

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