Emergencia climática

Emergencia climática

Miles de personas se manifestaron ayer en Madrid (y en otros muchos lugares del mundo) bajo el slogan ’emergencia climática’. Un poco de oxígeno, de aliento, de compañía ante lo que yo considero el nudo más importante y doloroso de nuestro tiempo. (…) Entre tanta pancarta y gritos, de vez en cuando escuché a alguien decir ‘salvemos el planeta’ y/o ‘salvemos el clima’. Es extraño escuchar esto porque lo que está en juego no es el planeta ni el clima. El planeta seguirá existiendo y el clima también. Otra cosa es que sean el planeta o el clima que necesitamos. Lo que está en juego realmente son vidas, tanto humanas como no humanas. Lo que está en juego es nuestra supervivencia. Quizás esté sacando las cosas de quicio, pero veo en esta postura ante lo que está sucediendo resquicios de esa prepotencia que nos ha traido hasta aquí. Como si no quisieramos reconocer nuestra dependencia, nuestra fragilidad, nuestra corporeidad, nuestro ser naturaleza. ¿No se trataría más bien de algo así: cuidemos nuestro medio natural para que tengamos cabida en su seno, para que nuestra especie pueda ser salvada? En fin, el planeta no nos necesita para ser salvado pero nosotras y nosotros sí necesitamos de un planeta habitable para seguir subsistiendo. (…) Oigo a una periodista decir que la población española está muy conscienciada sobre el cambio climático, hasta tal punto que la gran mayoría está dispuesta a pagar más impuestos para solventar ‘este problema’. Me quedo perpleja… ¿Cuánta gente está dispuesta a renunciar a sus sueños de que sus hijas e hijos tengan un nivel de consumo y...
La vida que nos queda

La vida que nos queda

Este pasado mes de junio ha sido el más caluroso que se ha registrado en nuestro planeta. En 2018, el 1 de agosto ha sido el día en el que hemos usado todos los recursos naturales que el planeta es capaz de regenerar en un año, de modo que gran parte de los recursos con los que contamos para mantener nuestras vidas están agotándose año tras año. Y aquí estamos, a puertas de un colapso que nadie parece querer remediar. Todo ello se sostiene bajo la fantasía de un crecimiento económico infinito y de que podemos volver a los tiempos ‘antes de la crisis’, fantasía que no hace más que afianzar el monstruo y solo puede sostenerse con un proyecto en el que no cabemos todas y todos simplemente porque no hay para tanto. Quizás, la consciencia de que aquí no cabemos todas y todos si queremos seguir como estamos explique el auge de los fascismos. Para que quepamos todas y todos y para que nuestra supervivencia sea viable en la faz de la Tierra es necesario otro proyecto político, otro tipo de organización, otras prioridades, otra relación con la naturaleza, otra relación con las y los demás, otra forma de vivir y de consumir, otra forma de producir y de alimentarnos. Como dice Greta Thunberg, este giro es urgente porque ‘nuestra casa está en llamas’. Con todo esto en la cabeza y a puertas del descanso veraniego, pienso que las vacaciones puede ser un tiempo para imaginar y ensayar una forma de vida más placentera a la vez que más austera, más próxima a nuestro lugar habitual de...
Carencia de ser

Carencia de ser

Las inundaciones de Sant Llorenç han dejado trece muertos a su paso, los restos del huracán Leslie hizo estragos en distintos puntos de nuestro país y del sur de Francia, estamos a la espera de una fuerte gota fría en el Mediterraneo como hace tiempo no se ha dado. Y así podría seguir… Me es difícil creer que esto no tenga una relación directa con el cambio climático, con el calentamiento de nuestro clima y de nuestras aguas, como una advertencia de lo que aún está por venir. Me asalta el miedo, la rabia y la impotencia. Son sentimientos fuertes, rotundos, que inundan mis entrañas. Y un sentimiento es mucho más que un sentimiento, es la puerta de entrada a quién soy y a cómo vivo las cosas, lo que me lleva a mirar más allá, o mejor, más acá. Siento miedo porque la información que manejo me hace pensar que voy a vivir en un mundo devastado por las sequías, las inundaciones, la escasez de recursos básicos, el ‘sálvese quien pueda’. Siento rabia porque pienso que todo esto se podría haber evitado con una organización social más consciente de nuestra dependencia de la naturaleza y porque veo que el gran capital sigue negando este hecho para seguir generando beneficios. Siento impotencia porque mi día a día no se corresponde con la envergadura del reto que tenemos delante y porque me es difícil simplemente nombrar esta realidad en un mundo de memes y discursos pseudomágicos que, o bien niegan lo que sucede, o bien muestran una fe ciega en la técnica. Me miro, miro mis sentimientos y me entiendo....
¡A por un 2018 luminoso!

¡A por un 2018 luminoso!

Un minuto nunca es exactamente un minuto. Un año nunca es exactamente un año. Hoy cumplo 54 años y mi madre me regala unas palabras de amor con una letra temblorosa y frágil. Medimos el tiempo sin lograr nunca apresar su misterio. … Miro el movimiento de las olas de ese mar gris que hoy me acompaña. En el 2017 aprendí que no me conviene dejarme arrastrar por la corriente del mundo si no quiero verme engullida en él. Tampoco me conviene nadar contra la corriente del mundo si no quiero morir de agotamiento e impotencia por pretender hacer lo que no está en mis manos hacer. Quizás, de lo que se trata, es de saberme parte de este batiburrillo de corrientes que conforma nuestro mundo, ser consciente del lugar que ocupo en él, reconocer mis fuerzas y mis vínculos, y poner en juego mi responsabilidad, mi libertad. Hablo de andar en lo real y lo real, aunque no siempre es amable, es todo lo que hay. … Dentro de poco estaremos en 2018. Una nueva cifra para ahondar en ese misterio que no se deja medir. Un nuevo año para seguir indagando en esa luminosidad que, aunque nace de un contacto rotundo con lo real, es profundamente transformadora. Pues eso… ¡Os deseo un 2018 lleno de luz y vitalidad!...
Aprender a practicar la paz

Aprender a practicar la paz

Asomada a la ventana, veo pasar a un gitano rumano con la bandera de España en su cabeza a modo de pañuelo. Me cuentan que unos chicos que viven en un piso de acogida se pasean con unas banderitas de España compradas por un euro a un chino. Por Madrid Río veo banderas colgadas en varios balcones y me pregunto qué anhelo, necesidad, miedo o ideas hay detrás de cada una que, siendo iguales, quizás tengan trasfondos diversos. A Serrat lo tildaron de fascista por no estar de acuerdo con el referendum del 1-O y hay quien dice en mi barrio que la policía tenía que haber sido más contundente. Y se me engullen las palabras porque no encuentro vocabulario para decir lo que quiero decir entres posturas tan enconadas. Dicen que hay quien ha retirado estos días sus ahorros de La Caixa para dificultar que Cataluña sea viable y me vienen a la cabeza estos hombres que dificultan enormemente la independencia de su ex-mujer cancelando cuentas o dejando de pagar la pensión. Esto me lleva a pensar también que la emocionalidad nacionalista tiene más fuerza que la ética anticapitalista a la hora de sacar fondos de los bancos.                 Dicen que Rajoy (y ahora también el rey), con su política, es el mayor promotor del independentismo catalán. Y recuerdo muchas ocasiones en las que me he sentido muy unida a otras personas estando en contra de y, cuando esa amenaza ha dejado de estar en nuestro horizonte, encontrándome con brechas profundas a la hora de crear algo juntas. (…) Hace dos...
Incoherencias

Incoherencias

Puedo pensar que los seres humanos estamos hechos para experimentar la sexualidad sin exclusividad y no sentirme preparada para abrirme a este tipo de posibilidad. Puedo comprender el daño que el azúcar hace a la salud y no renunciar al disfrute de deliciosos pasteles. Puedo manejar información sobre la inminencia del cambio climático y  seguir usando coche. Podría seguir con muchísimos ejemplos que todas y todos conocemos… Una cosa es nuestra capacidad para elaborar un pensamiento riguroso y una opinión consistente sobre lo que nos sucede y otra distinta es cómo sentimos y experimentamos eso que nos sucede. No quiero decir con esto que nuestra forma de pensar no afecta a cómo experimentamos nuestra vida ni que la experiencia no afecta a nuestra forma de pensar, digo simplemente que son dos planos distintos de nuestra existencia. A las divergencias entre pensamiento y experiencia se las suele llamar incoherencias. Cuando éstas se dan, no es extraño que una vocecita en nuestro interior nos llene de culpa o de vergüenza por no lograr acompasar estos dos planos. Para afrontar esta culpa o esta vergüenza, es habitual seguir uno de estos caminos. El primero es el de intentar ajustar el pensamiento a la experiencia, lo que nos lleva a reducir el pensamiento a una especie de justificación de lo que hacemos, restándole rigor, amplitud y vuelo. El segundo es intentar ajustar nuestra forma de sentir o hacer a lo que pensamos, lo que nos lleva a puentear la complejidad que somos, a no tener en cuenta nuestra historia, a violentarnos y a fingir ser lo que en realidad no somos. Ante esto,...