Cuando el amor y la libertad se dan la mano

Cuando el amor y la libertad se dan la mano

El pasado 11 de septiembre, impartí una sesión sobre el amor romántico en un posgrado sobre violencia de género.

Hablamos sobre muchas cuestiones y compartimos mucha emoción y pasión. ¡Qué gusto me dió trabajar con un grupo lleno de interés, ganas, apertura, capacidad de asombro y cuidado!

Hoy quiero traer aquí una reflexión que marcó mucho ese encuentro y que considero fundamental.

Es evidente la fuerza que el modelo de amor romántico, con todos sus mitos y fantasías, ha tenido en nuestra educación. Hasta tal punto es esto así que, aunque no estemos de acuerdo con este modelo, nos podemos sorprender emocionándonos ante un cuento de hadas, añorando ‘la pareja ideal’ o con ganas de tirar la toalla ante cualquier discrepancia con nuestra pareja por sentir la diferencia como indicador de falta de complementariedad.

Ante esto, ha sido fundamental la práctica de desmenuzar este modelo, la cual ha servido para desenmascarar sus mentiras y consecuencias, dándonos la oportunidad de pensar muchas cosas que antes eran difícilmente pensables. De hecho, en este último siglo, ha sido mucho lo que se ha escrito y dicho al respecto y yo estoy muy agradecida por ello.

Estas reflexiones han ido calando poco a poco, de tal modo que, hoy en día, la educación amorosa de una parte significativa de la población de este país está marcada, no solo por los preceptos del amor romántico, sino también por otros preceptos como son la igualdad, la libertad y la autonomía. O sea, hemos sido educadas y educados a partir de formas de entender el amor muy contradictorias entre sí.

En este camino, además de descubrir y aprender formas dispares y contradictorias de entender el amor, no ha sido habitual que nos enseñaran a conectar con lo que nos ocurre y sentimos, a comprender nuestras contradicciones y miedos, a perdonarnos por no saber cómo hacerlo bien, a arriesgarnos a vivir como podemos y sabemos, a decidir desde las entrañas qué hacer con este batiburrillo. Y, sin esto, esa educación de la que os hablo conforma una batalla en nuestro interior en la que voces discrepantes se pelean entre sí juzgándonos, amenazándonos o exigiéndonos.

Por todo ello, hemos hablado de que este puede ser un buen momento para hacer una parada y humanizar este proceso. Una parada para re-conocernos, des-cubrirnos, entendernos, aceptarnos, vernos y abrirnos a la experiencia que, cuando es vivida desde la consciencia, nos abre al amor y a la libertad que realmente están en nuestras manos vivir y nos permite tomar los diferentes modelos como meras propuestas y no como exigencias desconectadas de nuestra realidad más profunda.

Tras esta reflexión, os recuerdo que el 7 de octubre empezamos una nueva edición del taller ‘¿Es posible amar y ser libre a la vez?’ donde seguiremos profundizando sobre estas y otras muchas cuestiones.

1 Comment

  1. Porque me queda lejos, que si no…

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