Como una banda de jazz

Como una banda de jazz

Os dejo aquí esta cita que, por su potencia y claridad, me ayuda a orientar mi trabajo en Singulares y, de forma especial, mi forma de estar en el seminario Lo Personal es Político. (…) Tomemos como imagen de la vida buena un grupo de jazz. Una banda de jazz que improvise es obviamente diferente de una orquesta sinfónica, ya que, en gran medida, cada uno de sus componentes es libre de expresarse como guste. Pero siempre se expresará a partir de una sensibilidad receptiva a las actuaciones autoexpresivas de los demás músicos. La compleja armonía que configuran no deriva del hecho de que estén interpretando una partitura colectiva, sino de la libre expresión musical de cada miembro, que actúa a su vez como base para la libre expresión de los demás. (…) Aquí no se aprecia conflicto alguno entre la libertad y el ‘bien del conjunto’, y sin embargo la imagen es justamente la inversa del totalitarismo. Aunque cada individuo contribuye al ‘mayor bien posible para el conjunto’, no lo hace a través de un denodado sacrificio, sino simplemente expresándose como es. Hay ahí una realización personal, pero solo alcanzada a través de la pérdida del yo en la música en su totalidad. (…) De toda esa maestría artística se obtiene placer y, al mismo tiempo (y dado que hay una libre realización de las capacidades), felicidad entendida como florecimiento. Dado que ese florecimiento es recíproco, podemos incluso hablar (aunque remotamente y por analogía) de una especie de amor. Entonces, ¿el jazz es el sentido de la vida? No exactamente. El objetivo consistiría en construir ese tipo de...
Fin de curso

Fin de curso

Imbuída por esta canícula que m hace vivir las cosas como si no fueran reales, traigo aquí dos reflexiones compartidas en Singulares en este final de curso que me ayudan a vivir con más sentido y cuidado. Hicimos la primera reflexión en una salida de fin de semana para evaluar el trabajo realizado en uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político. Al compartir lo que habíamos vivido, corrobamos el hecho de que, cuando nos sentimos a gusto en un espacio o en una relación o en un proyecto, es fácil caer en la tentación de acomodarnos a ello, como si eso que hemos creado y nos da placer se mantuviera por inercia. Esto nos puede llevar a una cierta desidia, a un no estar presentes en las cosas que nos suceden, a un adormilamiento algo cansino. De ahí a la frustración hay un paso. Es que cualquier espacio o relación o proyecto necesitan de estímulo, abono, revisión y presencia para seguir siendo fructíferos. La segunda reflexión la hicimos en el último encuentro de Mujeres Singulares. Hablamos sobre la confianza. Me gustó recordar que ésta es uno de los motores fundamentales del mundo en el que vivimos. De hecho, sin confianza, el mundo se derrumbaría. Ahora bien, cuando hablamos de confianza no nos referimos a cruzar los dedos y pensar que ‘todo va a salir bien’ o que ‘todo el mundo es bueno’ o que ‘soy capaz de todo lo que me proponga’. Ante estos principios ‘buenistas’, planteamos una confianza más anclada en la realidad, o sea,  sentir que ‘encontraremos el modo de manejarnos en los diferentes...