¿Cómo escribir?

¿Cómo escribir?

Llevo mucho tiempo sin escribir en este blog. No ha sido por falta de encuentros fructíferos, ni por falta de tiempo (aunque algo de eso ha habido) ni tampoco por falta de ganas. (…) En el grupo Mujeres Singulares charlamos sobre el tiempo… Pero, cómo escribir sobre el tiempo… …cuando has perdido la noción del mismo, …cuando tienes el dato de que tu madre estuvo sola tirada en el suelo y, aunque no sabes bien cuánto tiempo estuvo así, tienes la certeza de que cada segundo fue demasiado, …cuando tu madre de pronto te pregunta ‘quién es tu madre’ y aún no te ha dado tiempo para digerir esa nueva realidad, …cuando, en este proceso, tu madre vuelve a tener una conversación ‘normal’ y no terminas de entender qué significa eso, …cuando las demás tareas se van agolpando y te sorprendes cuando ves que te ha dado tiempo de hacerlas, …cuando el cuerpo está agotado y un minuto de placer te pone en contacto con la eternidad. (…) En el Seminario Lo Personal es Político hablamos sobre la crisis ecológica… Pero, cómo escribir sobre la crisis ecológica… …cuando el tiempo apremia y aún vives la crudeza de esa realidad como si se tratara de una nebulosa, …cuando, a pesar de la cumbre del clima en París, el estado de negación colectiva sigue vigente, …cuando te cuesta sentir y entender tu miedo, tu culpa, tu impotencia, tu rabia y tu pena y, ante tanto sentimiento no aceptado, te abrumas, …cuando necesitas que alguien te de la mano para seguir mirando y los lazos son endebles, …cuando, en este contexto capitalista...
Maternidades

Maternidades

Nos han dicho que ser madre es sacrificarse, darlo todo, amar de forma incondicional, vivir siempre preocupada,  dejar el resto de su vida en un segundo plano, dar de mamar, cuidar… Por el contrario, nos han dicho también que un hijo o una hija necesita que su madre esté bien y que por eso es bueno que la madre tenga proyectos propios y sea feliz. Nos han dicho que niñas y niños necesitan límites y también que si se les da la oportunidad se autorregulan, que necesitan estar a su aire para descubrir el mundo y también que hay que controlarlos para que no se asalvajen, que necesitan mamar hasta los dos años y también que una madre no debe renunciar a un buen puesto por dar la teta, que necesitan, necesitan, necesitan… Nos han dicho además que la maternidad, por si misma, da sentido y plenitud a la vida de las mujeres, como si todas las experiencias fueran iguales entre sí y como si el sentido de nuestras vidas nos lo pudiera dar otra persona. Nos han dicho… tanto tanto… A estas alturas de la lectura supongo que ya habéis podido sentir la presión que este conjunto de sentencias, consejos, idealizaciones y expectativas pueden suponer para cualquier madre. Ideas que se han ido interiorizando en las entrañas de muchas mujeres en forma de mandatos y de dogmas, de tal modo que es fácil que se sientan culpables cuando no logran cumplir con lo que se les dicta, pasen por encima de sus necesidades cuando éstas chocan con dichos mandatos, se frustren cuando comprueban que ni ellas ni sus...
Manuela y Ada

Manuela y Ada

Ayer por la tarde, con uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político, hablamos de todo lo que se cuece en nuestras casas y su trascendencia política. Fue una reflexión potente, aunque me quedé con la sensación de no terminar de tocar totalmente el hueso de lo realmente importante. Horas después respiré ante la posibilidad de que Manuela Carmena fuera la nueva alcaldesa de la ciudad en la que vivo y me emocioné al ver el rostro de Ada Colau lleno de lágrimas. Y, sin saber bien por qué, por primera vez en mi vida sentí una alegría enorme ante el hecho de que las mujeres (estas mujeres) estuvieran copando puestos de poder. Me pregunté por qué antes no había sentido esa emoción al ver a mujeres en el poder y ayer, sin embargo, sentí que era muy importante que ellas estuvieran ahí. Y empecé a recapitular algunas de las reflexiones sobre la casa / hogar que habíamos tenido por la tarde. Muchas casas, como ya sabéis, son lugares donde se desarrolla una cantidad ingente de trabajo para que el aire sea respirable y podamos cobijarnos a gusto, para que todos los miembros de la familia estén bien alimentados, para que nuestros cuerpos estén sanos y descansados, para que nadie pase frio ni calor, para que ‘tengamos la fiesta en paz’, etc, etc, etc, etc, etc. Es un etcétera infinito de pequeños detalles que nos sostienen la vida. Como ya sabéis también, este trabajo ha sido realizado fundamentalmente por mujeres, aunque evidentemente no solo ha sido hecho por ellas. Ha sido un trabajo invisibilizado y poco reconocido...
Mortales… Vitales…

Mortales… Vitales…

En uno de los grupos del curso El Arte de la Escucha y la Comunicación, llevamos casi tres años de encuentros y, en las últimas sesiones, hemos indagado en nuestras ideas, sentimientos y experiencias en torno a la muerte. No fue nada fácil. Fue como empezar a hablar. Se nos hizo muy evidente que son muchos los aprendizajes que nos llevan a dar la espalda a la muerte como si negarla fuera la mejor forma de espantarla. De ahí que, junto al miedo a la muerte, nos acompaña el miedo a nombrarla. Sin embargo, en la realidad, el silencio ni espanta a la muerte ni la hace más llevadera, solo tapona nuestro sentir. De hecho, a medida que fuimos compartiendo nuestros miedos, cargas culturales, ideas, duelos, fantasías y fantasmas algo se fue aliviando. La pesada carga que cada quien lleva consigo por tanto silencio y tanto miedo se volvió un poco menos rígida, más vivible, más ligera. Traigo esta experiencia aquí porque después de vivirla me ha parecido pertinente recordar que hablar sobre la muerte, en contra de lo que se nos dice, es algo muy necesario y valioso. Cuando digo hablar, no digo reproducir estereotipos y tópicos, digo contar lo que cada quién vive y siente, aunque sea solo compartir el miedo a hablar sobre ello. Junto al alivio, a medida que fuimos profundizando en este intercambio tan delicado sin juzgar ni fingir ni forzar, nos fuimos sintiendo cómplices y se nos hizo evidente el pálpito de la vida. Una vez más, me di cuenta que, cuando entro en contacto profundo y honesto con el hecho de que...
Pensar la prostitución en primera persona

Pensar la prostitución en primera persona

En uno de los grupos del seminario Lo Personal es Político abordamos la delicada y controvertida cuestión de la prostitución. Para ello, dejamos de lado los debates en torno a su legalización o si las personas que la ejercen son libres o no a la hora de hacerlo. ¿Por qué salirnos de estos debates? Porque nos lleva a hablar sobre otras, bien para protegerlas o bien para ‘salvarlas’, obviando el hecho de que la existencia de la prostitución también afecta a quienes ni nos prostituimos ni hacemos uso de la misma y, por tanto, decidimos afrontar esta cuestión desde nuestra experiencia. En nuestra reflexión, nos centramos en la prostitución femenina y en el uso que hacen de la misma un público masculino, no solo porque es la mayoritaria, sino porque es la que más nos afecta y nos inquieta, aunque no queremos con ello ningunear la existencia de otras formas de prostitución. Es obvio, además, que entre las personas que no usan ni ejercen la prostitución hay formas diversas de sentirse afectadas por dicha realidad. En este sentido, nuestro objetivo no fue sentar cátedra, sino simplemente tomar consciencia de cómo esta práctica ha afectado a nuestras vidas. No fue un ejercicio fácil. Hicimos uso de la imaginación y de la dramatización, de la escucha y del cuidado. Fue mucho lo que compartimos, matizamos y planteamos. Os dejo aquí algunas reflexiones o experiencias en las que hubo mayor coincidencia, bien entre las mujeres o bien entre los hombres. Las mujeres planteamos que la existencia de la prostitución nos hace sentir más vulnerables, en la medida que sabemos que hay hombres...