Afrontar la muerte es también afrontar la vida

Afrontar la muerte es también afrontar la vida

Tenemos ideas sobre la muerte que surgen de una mente lógica y que apenas calan en nuestras entrañas, en nuestro sentir. Son ideas que no concuerdan con cómo la experimentamos. Así, por ejemplo, aunque yo considere lógicamente que la muerte es parte de la vida, a menudo me vivo como si fuera inmortal, como si mi muerte no fuera a llegar nunca. Esta disociación me hace saber que, en lo más profundo, tengo una visión sobre la muerte distinta a la que me digo que tengo. En dos de los grupos en los que trabajamos la escucha y la comunicación, hemos compartido algunas de nuestras formas de sentir, experimentar y afrontar la muerte. Fue un balbuceo, un intento de tomar consciencia de esa visión que habita nuestras entrañas y que es consustancial al hecho de haber crecido en una cultura concreta. Y, a medida que fuimos compartiendo, fuimos viendo que nuestra forma de afrontar la muerte toca de lleno a nuestra forma de afrontar la vida. …. Vivir de espaldas a la muerte es, de algún modo, vivir de espaldas a ese movimiento de la vida en el que cada arruga nos recuerda que lo que fuimos ya no está, del mismo modo que esa relación ya no es como era ni ese libro nos dice lo que nos dijo en su día ni ese afán nos mueve como lo hizo antaño. O lo que es lo mismo, vivir de espaldas a la muerte no ayuda a dejar morir lo que ya no está y, por tanto, a dejar nacer lo nuevo y a menudo imprevisible que nos trae...
Ya van siete años

Ya van siete años

Hoy hace siete años que inicié la aventura de Singulares y, como ocurre con cada cumpleaños, una se para a pensar sobre qué significa el tiempo, los años, estar viva… Pero, en esta ocasión, esta reflexión se ha vuelto más densa y profunda. Esto es así porque empezaré este nuevo año en Singulares siendo huérfana de madre. Hay algo extraño en eso de ya no tener esa raíz que, al haber sido tan frágil en los últimos tiempos, casi no me daba cuenta de que seguía ahí. Lo que me hace pensar en todo aquello que me sostiene y que no siempre le presto atención. Esa experiencia reciente me ha enseñado algunas cosas… … que la muerte sigue siendo un tabú y no es fácil hablar de ella. … que seguimos afrontando la muerte como un hecho extraordinario. … que la muerte es radical y rotunda, o lo que es lo mismo, cuando alguien se va lo hace para siempre. … que por miedo a molestar podemos dejar de acompañarnos. … que los clichés sobre la experiencia en torno a la muerte hacen ruido en la propia experiencia, más aún cuando ésta no encaja con esos clichés. … que no tiene sentido la muerte en vida. … que el miedo dificulta la comunicación franca y empática entre familia y personal médico a la hora de decidir si vale la pena o no mantener a alguien con vida cuando el nivel de sufrimiento es demasiado alto. Lo que produce más sufrimiento aún. … que esa mirada superficial y ‘positiva’, como la del o de la turista que rechaza lo feo...