Mucho más que el aborto

Mucho más que el aborto

Hace dos viernes, las Mujeres Singulares volvimos a reunirnos. Esta vez charlamos sobre nuestras vivencias y experiencias relacionadas con el aborto inducido.

A medida que profundizamos en esta reflexión nos fuimos conmoviendo. Juntas vimos con mucha claridad que gran parte del ruido que existe en torno a esta práctica tiene que ver con un hilo histórico patriarcal que ha promovido la usurpación del cuerpo femenino, o lo que es lo mismo, ha promovido que cada mujer tenga dificultades para conocer su propio cuerpo, cuidarlo y vivirlo libremente como algo que le pertenece.

Una educación que trata, no solo a la sexualidad, sino a los propios cuerpos como tabú genera distancia y miedo hacia la propia vivencia corpórea. Una liberación que banaliza todo lo que se pone en juego cuando una mujer da rienda suelta a su deseo y tiende a medir la libertad en términos contables nos desorienta. Un cúmulo de información técnica desconectada de los miedos, las necesidades, las fantasías y los deseos cortocircuita la posibilidad de integrar esta información a la experiencia. Por no hablar de la cosificación del cuerpo femenino en multitud de imágenes que vemos en diferentes medios de forma continuada.

Bajo este paraguas, no es extraño que muchas mujeres se vean abocadas a prácticas sexuales no elegidas ni deseadas, se vean con la dificultad para dar pábulo a sus deseos y sus necesidades, carezcan de la claridad para discernir los riesgos que corren en determinados encuentros sexuales. No es extraño, por tanto, que la cifra de embarazos no deseados se dispare cuando cobra fuerza el oscurantismo, la moralina o la banalización. No es extraño tampoco que todas nosotras conocieramos a alguna mujer que, bien por ignorancia o bien por miedo, había ocultado su embarazo hasta el mismo momento del parto.

Pero la cosa no termina aquí…

Familias que consideran el aborto como un asesinato. Familias que, aunque entiendan el aborto como un derecho, lo consideran algo vergonzante que es necesario ocultar. Contextos que escudriñan a las mujeres que se embarazan sin desearlo. Contextos en los que no son fáciles acceder a medios anticonceptivos. Contextos donde en la puerta de cada clínica en la que se practican abortos se escuchan insultos y amenazas. Contextos donde la idealización de la maternidad es la tónica. Mucho ruido que da lugar a que, junto al dolor que cada mujer pueda acarrear consigo por haber llegado hasta aquí, se añada un sufrimiento innecesario. Parece sadismo, ¿verdad?

Podría seguir… Pero prefiero parar aquí y recordar la necesidad de que las mujeres sigamos compartiendo nuestras experiencias, habitando nuestros cuerpos, poniendo nombre a este entramado y legitimando nuestros deseos. Esto es lo que me (nos) ha permitido vivir nuestras vidas y nuestra sexualidad con más gusto, libertad y consciencia. Y, cada vez que esto acontece, el patriarcado pierde fuelle.

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