¿Qué es vivir el presente?

¿Qué es vivir el presente?

Vivir el presente. Una frase que se cuela en los sitios más insospechados y que esconde tras de sí un campo de batalla simbólico. En este sentido, depende desde donde se dicen estas palabras puedo estar o no de acuerdo.

De algún modo, es una frase que nos dice algo obvio. Nuestra vida se cuece siempre, queramos o no, en el presente. Lo que experimento, aunque sea un recuerdo o una proyección de futuro, lo experimento ahora. Lo experimento desde mis necesidades, miedos, anhelos, interpretaciones o conocimientos actuales. O sea, cuando me quedo embelesada recordando algo que me sucedió, no significa que me haya ido al pasado, significa simplemente que rememoro un suceso de mi vida desde mi realidad presente. Lo mismo sucede con el futuro, cuando me pregunto qué pasará con tal o cual cosa, no me he ido al futuro, simplemente me estoy imaginando lo que sucederá desde lo que soy en este momento.

Saber esto, saber que no tengo la capacidad de trasportarme al pasado o al futuro como si fuera la protagonista de una película de ciencia ficción, me permite vivir las experiencias vinculadas con mi pasado o con mi proyección de futuro con más presencia, o sea, tomándolas como reflejo de mis necesidades, anhelos, reflexiones o nudos actuales.

Así, por ejemplo, ante la crisis ecológica de la envergadura que ahora tenemos, dedicar un tiempo a pensar qué pasará con nuestro futuro significa dedicar un tiempo a entrar en contacto con lo que se está moviendo en mí ante esa realidad. Si afronto dicha pregunta con presencia, o sea, escuchándome, dejándome sentir, abriéndome a lo que me sucede aquí y ahora ante este panorama, puedo sentir y entender mi presente con más nitidez, orientar mis acciones con más lucidez, buscar los recursos que necesito, vivir más situada.

Por el contrario, si la afronto sin presencia pierdo pie. Y esto puedo darse de dos maneras que, en el fondo, son las dos caras de una misma moneda. Una de ellas es bloqueando o huyendo del miedo al futuro, la desazón, la inseguridad o la incertidumbre, lo que implicaría bloquear o huir de una parte importante de mi presente. La otra es dejándome arrastrar por ese miedo, desazón, inseguridad o incertidumbre, lo que me llevaría a vivir aturullada por amenazas y exigencias que no me dejarían aterrizar para atender a lo que (me) sucede aquí y ahora. En ambos casos, me veo inhabilitada para afrontar esa compleja realidad que, insisto, se está dando en el presente.

Lo mismo podría decir en relación al pasado. Si me veo atrapada por el malestar que me supone algo que sucedió, puedo dejarme arrastrar por esa sensación o intentar bloquearla, en ambos casos pierdo pie. En cambio, cuando logro mirar de frente ese malestar, nombrarlo, entender qué dice de mi y de mi necesidad, gano presencia, gano presente.

Con esta reflexión, no quiero proponer un camino correcto que todo ser humano ha de seguir. Sé por experiencia propia que cada quién está dónde puede y que a veces no tenemos fuerza ni recursos para hacernos cargo de lo que nos sucede. Lo que sí quiero es cuestionar esa idea de presente que se cuelan en bocas de demasiados gurús de la ‘vida buena’, un presente sin génesis (en un adanismo permanente) y sin consecuencias (en un ‘vivir que son dos días’ que no atiende al impacto de nuestras acciones y deseos). Es una forma de entender el presente irresponsable e infantilizada que (me) asusta porque nos inhabilita para aprender de lo que nos ha sucedido y para orientar nuestras vidas hacia un vivir más pleno que no implique destruir la posibilidad de (buen) futuro para todas y todos. Es más, cuanto más ahondo en la reflexión, más convencida estoy que detrás de esta forma de entender el presente se esconden intereses muy concretos nada halagueños para la supervivencia humana.

Por todo ello, más que ‘vivamos el presente’, yo diría ‘ganemos presencia’. Una presencia que me permite imaginar el futuro y recordar el pasado sin puentear la sensación que me genera el sol invernal de esta mañana.

  • Foto: Graciela Hernández Morales.

 

 

 

2 Comments

  1. Este enfoque me reconforta, me ayuda.
    Vivir el presente…, en muchas ocasiones he pensado que no podía, ni sabía, ni quería, olvidar o dejar de rememorar lo vivido, fuera ello positivo o no lo fuera tanto. También aquello que cambiaría, si pudiera.
    El pasado es mi experiencia, es “mío”, soy “yo”. Me ha ido conformando, “dándome forma”.
    También quiero considerar, “vivir” el futuro, aunque el ocaso esté cerca. Quiero ilusionarme, proyectar, mejorar, tratar de aportar.
    Pensar en vivir sólo el presente, como dices, me parece una consideración un tanto “aséptica”, que me/nos impediría “vivir” y “revivir”, considerar los momentos felices, lo que hayamos podido o podamos compartir, aportar. Un rehuir la responsabilidad de estar en en este mundo, que no es sólo mío, sólo de los demás, sino nuestro.
    Gracias por tus reflexiones.

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    • Gracias, Carmen, por tus palabras. Me sale decirte que todo esto que cuentas es tu presente, una presente con historia y que hace historia. Besos.

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