Reflexiones desde mi confinamiento (I)

Reflexiones desde mi confinamiento (I)

Es tanto lo vivido en tan poco tiempo que, como le habrá pasado a tanta gente, se me han ido agolpando muchas, demasiadas reflexiones. La mayoría de ellas tienen conexión con lo que he ido descubriendo y aprendiendo en Singulares.

Voy a empezar a dar cuerpo a estas reflexiones y a compartirlas en estos días de confinamiento. Ojalá sean de vuestro interés. Ahí va la primera de ellas…

Somos seres vivos. Este hecho rotundo y radical conlleva la posibilidad de enfermar y morir. Sé que esto que os acabo de decir puede parecer una perugrullada, sin embargo es algo que se tiende a obviar o minusvalorar en nuestra cultura, en nuestra forma de organizarnos y en nuestra forma de afrontar el día a día.

En estos momentos, la mayoría de las y los mortales sentimos una perplejidad propia de quien afronta una situación novedosa de una envergadura desconocida. Una perplejidad que tiene que ver también con esa dificultad para mirar de frente esa realidad que solemos minimizar u ocultar. Me atrevería a decir que se trata de un tabú que el Covid-19 nos está obligando a destapar y no es fácil.

¿Cómo hacerlo cuando tendemos a vivirnos como inmortales? ¿…cuándo experimentamos la enfermedad o la muerte como algo imprevisto que no está integrado en nuestro tiempo, en nuestras agendas, en nuestro horizonte de posibles? ¿…cuándo nos falta vocabulario para relatar la experiencia de fragilidad y finitud sin que nos atrape la queja o ese lenguaje frío y protocolario propio de la medicina?

La vida es frágil, es una especie de regalo que no puedo controlar del todo. Cuidar, cuidarse, es cuidar algo que tiene mucho misterio, que nos genera inquietud e incertidumbre, que conlleva acontecimientos imprevistos. Cuesta asumir este hecho y creo que esto es la matriz de muchos males de nuestro tiempo.

En estos días, llama la atención como la necesidad de cuidar la vida frente a este virus ha supuesto un varapalo en la economía, en la producción y en la posibilidad de subsistir de mucha gente. O también como en la ciudad de Madrid se puede respirar cuando nuestro ritmo de vida se detiene. Son datos que evidencian que el capital se mueve en contra de la vida, de la justicia y del cuidado.

Me da la sensación de que el tabú de la enfermedad, de la muerte, ha dado lugar a otro tabú: el tabú de la vida misma. El capitalismo nos invita a hacer algo rentable con la misma y, en ese intento, es fácil dejar de sentirla, vivirla, experimentarla en su realidad… En ese intento de dejar ‘monumentos’ que nos inmortalicen, corremos el riesgo de dejar de valorar la sonrisa y el horizonte, de sentir el aire y el sudor.

Como oí decir a Santiago López Petit, citando al Che, ‘vivimos en el corazón de la bestia’. Desde mi experiencia de persona enferma que ha visto la muerte más de cerca de lo que quisiera, he descubierto que estar en contacto con esta contundente realidad me abre paradojicamente al ‘corazón de la vida’. No sé si se puede vivir en el ‘corazón de la vida’ cuando estamos en el ‘corazón de la bestia’ pero tal vez de eso se trata si queremos salir de ese circulo vicioso nada virtuoso.

Todos los días que puedo me asomo a la ventana a las ocho en punto para aplaudir, gritar, saludar. Cada día siento la emoción de quien sabe que hay un hilo de vida en el gesto de esa señora que saluda con ganas, de esa madre que saca a su bebe a la ‘fiesta’, de ese autobusero que pasaba por ahí y toca el claxón como forma de acompañarnos. Es que sola, sin las y los demás, no puedo.

Foto: Graciela Hernández.

 

 

 

 

 

 

10 Comments

  1. “Son datos que evidencian que el capital se mueve en contra de la vida, de la justicia y del cuidado”
    Que claro se ve ahora. Gracias por nombrarlo.
    Besos

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    • Gracias, Patricia, por leer el texto y darle sentido. Un besazo.

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  2. Gracias Graciela por poner palabras a tantas cosas que dan sentido a la vida.
    La vida es aquello que va pasando mientras nos empeñamos en hacer otras cosas…
    Un abrazo enorme.

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    • Querida Lupe, nunca está demás recordar esas palabras de John Lennon. Un besazo.

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  3. Buena reflexión.

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    • Gracias, Rosa.

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  4. Gracias por nombrar tanto…Este tiempo de parar está siendo también muy fructífero y sorprendente. Ese tiempo de aplausos a las 20 está siendo también una cita importante para mí, un reloj lleno de comunidad, emocionante y necesario…

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    • Creo que esos aplausos son mucho más que aplausos. Besos, Noemí.

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  5. Mi querida amiga, gracias por poner en palabras sentimientos que una no acierta, con frecuencia, a describir.
    Sigue,por favor, con estas teflexiones.
    Las entiendo como parte del cuidado, del deseo de reconocer lo intrínsecamente humano y valioso que cada uno, cada una poseemos.
    Vivir, sí, vivamos hasta el último segundo regalando y dejándonos regalar afecto, ánimos, fuerza, cuidado, en una palabra.
    Mi abrazo más cálido

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    • Me han emocionado tus palabras, Carmen.

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