Singulares cumple nueve años

Singulares cumple nueve años

Hoy, 7 de septiembre, Singulares cumple 9 años. Es el aniversario más extraño de su historia.

Hace unos meses un virus, un simple virus, dio un vuelco a nuestras vidas. No nos fue fácil asimilar este hecho, entre otras cosas porque, aunque varios indicadores ya estaban planteando esta posibilidad, no estaba previsto en nuestro imaginario que esta Europa fortaleza sufriera este tipo de embate.

Nuestras pupilas se llenaron de imágenes y experiencias de muerte y desolación que igualmente resultaron dificiles de digerir, imágenes que chocan con nuestra tendencia a dar la espalda a la finitud y vulnerabilidad humanas.

Nos empobrecimos aunque, como siempre, unos cuantos han sacado tajada a la situación ahondando en la desigualdad ya existente. El hambre se ha extendido.

Parece que la existencia de la Covid-19 habla de una relación con la naturaleza arrogante y ciega a nuestra ecodependencia. En la medida que la biodiversidad está tocada del ala, es más fácil vernos con enfermedades zoonóticas (que pasan de animales a seres humanos) y, por tanto, que ponen en juego nuestra subsistencia.

Se trata, además, de un virus nuevo con un comportamiento extraño e imprevisto. Los tiempos de la ciencia son más lentos de los que exige nuestra dificultad para andar en la incertidumbre. Cada nuevo descubrimiento ha traido un nuevo interrogante, un nuevo protocolo y, como no, un cierto mareo al ver que lo que valía ayer ya no vale tanto en el día de hoy y viceversa. Y aún queda mucho por desvelar.

Asimismo, hemos palpado de forma dramática el conflicto capital/vida en el que se asienta el capitalismo. Poner en marcha la economía a pleno rendimiento implica poner en riesgo nuestra salud y cuidar nuestra salud implica paralizar o ralentizar la actividad económica. En un contexto de pandemia, intentar conjugar salud y actividad económica tal como está concebida ha sido como intentar la cuadratura del círculo. Esto explica como muchas medidas de nuestro gobierno han sido tomadas en base a un tira y afloja, a una de cal y otra de arena, para intentar salvar lo que tal vez no tenga salvación. Esto ha producido, por momentos, desconcierto e incongruencias difíciles de asumir y entender.

Si a esto le unimos que muchas medidas han sido pensadas para una clase media, con derechos laborales y con un hogar decente, han sido demasiadas las tesituras y dificultades que se han quedado sin atender o se han visto mal atendidas.

Y todo esto en un contexto que ya antes de la pandemia era convulso. Colapso, cambio climático, neofascismos, desigualdades, violencias, soledades y cuidados basados en el descuido estaban y siguen estando sobre la mesa, más agravados aún si cabe.

¡Muchas, demasiadas cosas por entender, digerir, situar! El shock y la incertidumbre, unidos a todo esto de lo que he estado hablando, ha generado perplejidad, malestar, miedo, desazón, descoloque. Sensaciones, emociones, vivencias y sentimientos que, precisamente por la falta de asiento ante una realidad tan compleja, no son fáciles de nombrar, compartir e incluso entender.

Ante esto, hay quienes se han aprovechado de la situación para generar bulos y falsas controversias, creando un suelo aún más endeble del que ya hay. Un batiburrillo simbólico que ha permitido a determinadas personas refugiarse en discursos bien armados de seguridades y certezas, aunque alejados de la realidad. Me temo que ha sido, está siendo, un modo de la ultraderecha de capitalizar este malestar, trayendo un discurso libre de mascarillas y de responsabilidad ante el bien común. En este sentido, hace poco una chica me dijo que ‘ella no era responsable de mi salud ni la de nadie’ y a mí se me pusieron los pelos de punta ante esa idea de libertad tan autista y neoliberal.

En la trastienda de todo esto, el capital ha seguido haciendo de las suyas. Por poner solo unos ejemplos: el extrativismo se ha hecho fuerte en América Latina, el asesinato de líderes índigenas y ambientalistas ha estado a la orden del día, migrantes sin rumbo ni acogida siguen jugándose la vida en nuestras fronteras, el desmantelamiento parcial de la sanidad pública madrileña está siendo desolador, año tras año el calor se hace más duro y los tornados llegan donde nunca antes habían llegado, la trata de mujeres sigue siendo un pingüe negocio, etc.

Junto a esto, con la excusa de salvar esta situación, se pretende dar aliento a esa vieja normalidad donde muchos trabajos no son solo innecesarios sino incluso dañinos, donde cuidar la vida implica para muchas mujeres un malabarismo que les quita vida, donde el individualismo y el consumo insensato se ha acomodado en nuestras entrañas, donde la desigualdad es insoportable, donde el tiempo se nos escapa de las manos y el ocio se vuelve trabajo.

Por todo ello y mucho más, pienso que Singulares tiene mucho sentido en estos momentos. Un espacio más, junto a otros que también están en ello, para compartir nuestros malestares y miedos, entender mejor qué (nos) pasa, aprender conjuntamente a nadar en la incertidumbre, entender que somos mortales e interdependientes, repensar nuestra ecodependencia, crear y alentar una forma ética y amorosa de libertad, cuestionar este sistema económico donde el enriquecimiento se da a costa de demasiada muerte y dolor, humanizar nuestra mirada y acciones, saber que la lucha es ardua y desigual como entre David y Goliat, dar espacio y valor a lo vivo y a la belleza.

Urge ponernos a la tarea, urge intentar abrir espacios de reflexión y transformación para que el terreno de lo imaginable, de lo pensable, no se vea saturado por quienes buscan esa vieja normalidad con mascarilla y quienes se refugian en relatos libres de mascarillas y de realidad.

Espero que os seduzca este camino y que, tanto en Singulares como en otros muchos lugares, no dejemos de abrir puertas para que el aire sea cada día un poco más fresco .

 

 

 

6 Comments

  1. Enhorabuena por el camino de Singulares Graciela, compartir tu espacio y narrativa ha sido muy nutritivo y transformador para mí.
    Te animo a continuar, tienes mi apoyo.
    Gracias por compartir tus reflexiones y vivencias, me tocan profundo.

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    • Gracias por tu apoyo y por estar ahi.

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  2. Felicidades Graciela. Es una felicitación que también me abarca a mí, porque he aprendido y compartido mucho en ese espacio, y, como bien dices, en este momento me resulta aún más imprescindible para,principalmente con tu mediación, pero también con la de otras gentes de Singulares, alumbrar lo que está pasando,escuchar mis miedos,y, ante todo, ser consciente de que la solución está en mí, en aceptar los retos, y, humildemente,responsabilizarme de la parcelita que me corresponda.

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    • Gracias, Pepa. Es una celebración compartida. Un besazo y gracias por ser parte de esta aventura.

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  3. tener motivos para la celebración en momentos de tanta inquietud e incertidumbre, es una auténtica fortuna. Graciela, muchas gracias por hacer posible un espacio de reflexión y transformación único, extraordinario e imprescindible, un oasis en el que encontramos refugio a la vez que, con tu guía, tratamos de limpiar la mirada, de abrirnos a la realidad desde una perspectiva mucho más humanizada. Lo dicho, IMPRESCINDIBLE

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    • Sí, es una suerte. Seguiremos pensando y encontrando vias de sentido y humanidad. Un besazo y gracias por estar ahí.

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